martes, 3 de noviembre de 2026
 
 
     
El Gobierno no invitó a ex presidentes al viaje al Vaticano

El Gobierno no cursó invitaciones a los ex mandatarios para la visita papal. Macri asistirá igual, convocado por su primo a cargo de la Ciudad.

El Gobierno nacional decidió no invitar a los ex presidentes argentinos a los actos oficiales vinculados a la visita del Papa Francisco al país. La exclusión no es un detalle de protocolo: es una señal política deliberada que delimita quiénes forman parte del universo de legitimidad que la administración de Javier Milei reconoce en el espacio público. En un evento de alcance histórico e internacional, la lista de invitados es siempre un mapa del poder. La única excepción al aislamiento de los ex mandatarios llegó desde afuera del Ejecutivo nacional. Mauricio Macri fue convocado al acto en el Monumento de los Españoles por su primo Jorge Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es decir: el ex presidente estará presente, pero por una puerta lateral, bajo el paraguas de la administración porteña e independientemente de la voluntad del Palacio Rosado. Ese matiz importa. La presencia de Macri en el acto no implica una reconciliación ni un guiño del Gobierno nacional hacia el líder del PRO. La tensión entre Milei y el ex presidente viene de varios meses, alimentada por disputas electorales y diferencias sobre el rumbo de la coalición opositora. Que Macri aparezca en el evento no por invitación oficial sino por gestión familiar subraya, más que disimula, esa fractura. En el Palacio Libertad, el acto central contará con gobernadores, legisladores y la vicepresidenta Victoria Villarruel. La composición del elenco es elocuente: el Gobierno privilegió a los actores institucionales del presente e ignoró a quienes ejercieron el poder en el pasado, sin distinción de signo político. No habrá ni Alberto Fernández, ni Cristina Kirchner, ni el propio Macri en ese escenario central. Desde el Vaticano se encargaron de aclarar que las invitaciones a los actos locales dependen exclusivamente de las autoridades argentinas. Roma se desligó así de cualquier responsabilidad en la configuración del protocolo, dejando en evidencia que las ausencias son una elección política doméstica y no una restricción impuesta desde afuera. El Gobierno nacional es el único autor de esa lista. El vínculo entre Milei y el Papa Francisco tiene su propia historia de tensiones. El presidente argentino y el líder de la Iglesia Católica protagonizaron cruces públicos antes e incluso después de la asunción de Milei. Que el Gobierno administre con tanta precisión quirúrgica quién comparte el escenario con Francisco habla de una voluntad de control de imagen que convive con una relación todavía compleja entre ambos líderes. En términos más amplios, la decisión consolida un estilo de ejercicio del poder que Milei viene sosteniendo desde el inicio de su mandato: la ruptura con la clase política tradicional como recurso permanente de diferenciación. Excluir a los ex presidentes de un evento histórico no es solo un gesto de frialdad protocolar; es un recordatorio de que, para esta administración, el pasado político argentino en bloque es parte del problema y no de la solución.
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