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| lunes, 2 de noviembre de 2026 |
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El Papa León XIV visitará Argentina por primera vez
El pontífice llegará el 8 de noviembre a Buenos Aires, Córdoba y Luján. La última visita papal fue la de Juan Pablo II en 1987.
La visita del Papa León XIV a la Argentina en noviembre de 2026 no es un acontecimiento meramente religioso: es un evento de densidad política extraordinaria que el gobierno de turno administrará con cuidado milimétrico. El pontífice recorrerá Buenos Aires, Córdoba y Luján en una gira que replica, casi exactamente, el circuito que trazó Juan Pablo II hace 39 años, cuando la democracia argentina era todavía un experimento frágil y el país salía de la dictadura con las costuras a la vista.
La última visita papal ocurrió en abril de 1987, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Juan Pablo II recorrió diez ciudades, convocó a más de un millón de fieles sobre la avenida 9 de Julio y se reunió con el entonces presidente radical en un encuentro que tuvo una carga simbólica enorme: la Iglesia legitimaba la transición democrática y Alfonsín mostraba que el Estado podía dialogar con Roma sin subordinarse a ella. Ese equilibrio fue, en sí mismo, un logro político.
El contraste con el presente es revelador. En 1987, la Iglesia argentina era una institución con peso territorial indiscutido y una autoridad moral que el Estado necesitaba. Hoy, la institución eclesiástica enfrenta una crisis de credibilidad sostenida, una caída en la práctica religiosa y una disputa interna entre sectores conservadores y renovadores que León XIV encarna con su perfil más abierto y dialoguista.
La elección de Luján como destino no es casual ni inocente. El santuario mariano es el punto de mayor convocatoria popular de la Argentina católica y funciona como termómetro de la religiosidad de masas. Llevar al Papa hasta allí es una apuesta por recuperar visibilidad social en un momento en que la Iglesia compite con otras cosmovisiones y pierde feligreses hacia el evangelismo y el agnosticismo.
Desde la perspectiva del poder político, la visita es una oportunidad y también una trampa potencial. Cualquier gobierno que reciba a un Papa asume el riesgo de que el pontífice emita señales que no controla: sobre pobreza, desigualdad u derechos humanos. León XIV tiene antecedentes de pronunciamientos incómodos para las derechas latinoamericanas, lo que introduce una variable de incertidumbre en la agenda oficial.
La comparación histórica también ilumina el estado del tejido social. La misa de Juan Pablo II en 9 de Julio congregó a un millón de personas en una Argentina que procesaba colectivamente el trauma dictatorial y buscaba cohesión. La pregunta que sobrevuela la visita de 2026 es si León XIV encontrará una sociedad con capacidad similar de movilización colectiva u una fragmentada en identidades que ya no se reconocen en un mismo símbolo religioso.
En definitiva, la visita papal es un espejo político además de un evento espiritual. Lo que Argentina proyecte hacia León XIV y lo que él devuelva desde los altares improvisados en plazas y estadios dirá más sobre el estado de la democracia y la cohesión social del país que cualquier encuesta de coyuntura.Más noticias de Datapolítica
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