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| martes, 3 de noviembre de 2026 |
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LLA y el PJ enfrentan crisis internas por razones distintas
La presión económica expone límites internos en La Libertad Avanza, mientras el peronismo vive una rebelión abierta contra Kirchner.
Dos fuerzas que se presentaron como alternativas opuestas atraviesan simultáneamente una crisis de conducción interna. Javier Milei enfrenta tensiones crecientes dentro de La Libertad Avanza por el impacto cotidiano del ajuste, mientras Cristina Fernández de Kirchner pierde autoridad sobre sectores del peronismo que ya no aceptan su liderazgo sin cuestionarlo. La coincidencia no es casual: ambas crisis tienen un denominador común, que es la economía, e ilustran cómo la coyuntura material transforma las lealtades políticas.
El gobierno de Milei sostuvo hasta ahora la cohesión interna apelando a la épica del cambio histórico y a la disciplina ideológica. Pero el deterioro del poder adquisitivo, la persistencia de la inflación en niveles altos y el impacto del ajuste sobre sectores medios generan fricciones que ya no se resuelven con relatos. Dirigentes de segunda línea dentro del oficialismo empiezan a tomar distancia pública de medidas concretas, lo que en política equivale a una señal de alarma temprana.
En el peronismo, la situación es estructuralmente distinta pero igualmente reveladora. Cristina Kirchner intentó recuperar protagonismo desde su condena judicial y su salida de prisión, pero encontró un partido fragmentado que procesó su ausencia reorganizándose sin ella. Los gobernadores peronistas, los intendentes del conurbano y los sectores sindicales ligados al movimiento construyeron acuerdos propios. La rebelión no es ideológica: es territorial y electoral.
Lo que está en juego en ambos casos es la autoridad para definir candidaturas y estrategia de cara a 2027. Milei necesita que su espacio no se atomice antes de las legislativas. Cristina necesita demostrar que sigue siendo quien ordena la oferta electoral del peronismo. Ninguno de los dos tiene garantizado ese rol en este momento, y eso cambia el mapa de poder de forma sustantiva.
Históricamente, las crisis internas de los partidos argentinos se aceleran cuando la economía no genera victorias distribuibles. Sin obra pública, sin empleo público expansivo y sin recuperación salarial visible, los incentivos para mantener la disciplina partidaria se erosionan. Tanto el oficialismo como el peronismo están experimentando ese fenómeno en tiempo real, aunque con intensidades y formatos diferentes.
El riesgo para Milei es que las disidencias internas le quiten iniciativa legislativa en el Congreso o fragmenten su imagen de conductor único. El riesgo para Kirchner es más profundo: perder definitivamente el rol de árbitro dentro del peronismo implicaría que cualquier candidatura competitiva en 2027 se construya por fuera de su validación. Ambos escenarios reconfigurarían la política argentina de manera duradera.
La simultaneidad de estas crisis obliga a leer la coyuntura como un momento de reordenamiento del sistema político más que como turbulencia pasajera. Los bloques que se presentaron como proyectos consolidados muestran que la economía sigue siendo el factor que disuelve certezas y obliga a renegociar poder interno. Quien logre procesar antes esa tensión tendrá ventaja estructural en el ciclo electoral que se aproxima.Más noticias de Datapolítica
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