lunes, 2 de noviembre de 2026
 
 
     
El Gobierno culpa al peronismo por la candidatura de Cristina

Casa Rosada evita opinar sobre una posible candidatura de Cristina Kirchner y la presenta como un conflicto interno del PJ.

El Gobierno nacional decidió correrse del debate sobre una posible candidatura de Cristina Kirchner en las próximas elecciones e instaló la lectura de que el tema es un problema interno del peronismo, sin relación directa con la gestión de Javier Milei. La estrategia no es neutral: al desligarse, el oficialismo evita darle entidad política a Kirchner como adversaria directa e intenta que el debate electoral se procese dentro del campo oponente sin oxígeno extra desde el poder. El contexto importa. El peronismo atraviesa una crisis de conducción sin resolución clara desde la derrota de 2023. La figura de Cristina Kirchner sigue siendo la de mayor peso simbólico dentro del espacio, pero su situación judicial condiciona cualquier proyecto electoral. En ese marco, la discusión sobre si puede o no ser candidata es, antes que electoral, una disputa por quién controla la narrativa e identidad del movimiento. La posición del Gobierno tiene una lógica electoral precisa. Milei necesita un peronismo fragmentado e inestable para maximizar sus chances en 2027. Si el oficialismo tomara posición sobre la candidatura de Kirchner, ya sea para atacarla o para alertar sobre ella, le daría al kirchnerismo un enemigo externo que históricamente funciona como aglutinante. El silencio calculado es, en este caso, una herramienta de daño. Dentro del peronismo, la discusión sobre Cristina Kirchner como candidata expresa tensiones reales entre sectores que buscan refundar el espacio con nuevos liderazgos e internos que consideran que ninguna figura tiene la capacidad de movilización que ella conserva. Esa tensión no se resuelve con declaraciones: requiere una definición programática que el PJ todavía no logró articular tras la derrota. El Gobierno, al atribuir el debate a una interna peronista, también corre el riesgo de subestimar el impacto que una candidatura kirchnerista tendría sobre el escenario electoral general. Una Kirchner en carrera, con o sin condena firme operativa, reorganiza el tablero de alianzas, presiona a los sectores del peronismo no kirchnerista e instala una polarización que puede no serle conveniente al oficialismo en todos los distritos. Lo que la actitud del Gobierno revela, en definitiva, es que la Casa Rosada monitorea el proceso interno del peronismo con atención, aunque prefiera mostrarse indiferente. La distancia pública es parte del cálculo, no ausencia de estrategia. En política argentina, quien dice que algo no le importa, suele ser quien más atención le presta.