domingo, 1 de noviembre de 2026
 
 
     
Ricardo Crespo llega a Ciencia y Tecnología tras una renuncia

El economista e investigador del CONICET reemplaza a César Lencina en la Subsecretaría de Ciencia y Tecnología del gobierno nacional.

El Gobierno nacional designó a Ricardo Crespo como nuevo subsecretario de Ciencia y Tecnología, cubriendo la vacante que dejó la renuncia de César Óscar Lencina. Crespo es economista, investigador del CONICET y exvicerrector de Investigación y de Asuntos Académicos de la Universidad Austral. El movimiento no es administrativo: define quién conduce la política científica en un momento en que el sector atraviesa tensiones presupuestarias severas e históricas. La salida de Lencina no fue explicada públicamente con detalle, lo que alimenta lecturas sobre conflictos internos en la gestión del área. En un contexto donde el ajuste fiscal golpeó con fuerza a los organismos de ciencia y tecnología, incluido el propio CONICET, la renuncia de un funcionario de rango medio rara vez ocurre en silencio. La ausencia de comunicación oficial clara es, en sí misma, un dato político. El perfil de Crespo marca una orientación. Economista de formación, vinculado a la Universidad Austral, institución de raíz católica y reconocida sintonía con sectores liberales y conservadores, su llegada señala una continuidad ideológica con la cosmovisión del oficialismo. No es un gestor técnico neutral: es un cuadro con pertenencia institucional definida. Su trayectoria en el CONICET como investigador le otorga conocimiento interno del organismo, lo que puede leerse como una ventaja operativa. Sin embargo, también genera una tensión no resuelta: Crespo llega a conducir una política que afecta directamente a sus pares investigadores, muchos de ellos críticos del recorte presupuestario que el propio Gobierno sostuvo durante 2024 e 2025. El sector científico argentino acumuló malestar creciente en los últimos dos años. Salarios deteriorados, vacantes de ingreso al CONICET congeladas y presupuesto real en caída libre configuran un escenario de conflicto latente. Designar a un investigador del sistema no desactiva esas tensiones automáticamente: puede interpretarse como un gesto de diálogo u como una cooptación simbólica sin cambio de fondo. Desde una perspectiva de coyuntura, la designación llega en un momento en que el Gobierno necesita reducir focos de conflicto con la comunidad científica sin modificar su hoja de ruta fiscal. Crespo cumple esa función con precisión: es un nombre que el sistema reconoce, pero que no implica ningún compromiso de reversión de política. El verdadero test para la nueva gestión será concreto e inmediato: qué posición adopta ante el presupuesto 2027, cómo negocia con los gremios del sector y si logra sostener alguna agenda propia dentro de los márgenes que el Ejecutivo le permita. Sin esas definiciones, el cambio de nombres seguirá siendo solo eso: un cambio de nombres.