domingo, 1 de noviembre de 2026
 
 
     
Radicales de Córdoba negocian candidaturas con el Gobierno

Radicales cordobeses detectan baja en encuestas de Milei y presionan por espacios propios, mientras el Gobierno evalúa cuánto ceder.

La alianza entre La Libertad Avanza y sectores de la UCR en Córdoba atraviesa su momento de mayor tensión desde que se consolidó como fuerza opositora conjunta. Dirigentes radicales de esa provincia llevan propuestas concretas a la Casa Rosada sobre el reparto de candidaturas para 2027, en un contexto donde las encuestas muestran a Javier Milei con una caída medible aunque todavía con pisos altos. La negociación no es técnica: es política pura, y define quién controla uno de los distritos electorales más importantes del interior del país. Córdoba tiene un peso propio en la historia electoral argentina. Es la provincia que decidió elecciones nacionales en más de una oportunidad, y su comportamiento en las legislativas de medio término suele leerse como termómetro del humor nacional. El radicalismo cordobés sabe esto e intenta convertir ese capital simbólico en poder de negociación real frente a un oficialismo que necesita mantener sus alianzas territoriales para no perder bancas clave en el Congreso. La dinámica interna de la UCR en Córdoba es compleja. Hay sectores que priorizan la identidad partidaria por encima de la conveniencia electoral, e insisten en preservar listas propias aunque eso implique menor caudal de votos. Otros dirigentes, más pragmáticos, entienden que la única forma de tener incidencia real es negociar posiciones dentro de una coalición más amplia con Milei. Esta tensión no es nueva en el radicalismo, pero en Córdoba adquiere una dimensión estratégica particular. Desde el Gobierno nacional, la lectura es diferente. Casa Rosada evalúa hasta qué punto puede ceder espacios sin debilitar su propio armado electoral. El riesgo que percibe el oficialismo es doble: si da demasiado, fortalece a un aliado que puede volverse competidor; si no da nada, empuja a los radicales hacia una ruptura que les costaría votos en un distrito que no pueden permitirse perder. Ese dilema estructura toda la negociación. La caída de Milei en las encuestas cordobesas —aunque parcial— cambia la correlación de fuerzas en la mesa. Los radicales tienen hoy más poder de daño del que tenían hace seis meses. Amenazar con una boleta separada ya no es solo un gesto: tiene consecuencias reales sobre los números finales. El Gobierno lo sabe, y eso explica que la conversación haya llegado efectivamente a niveles de decisión en Casa Rosada en lugar de quedarse en el plano de los intermediarios. El antecedente inmediato es la elección de 2023, donde la fragmentación opositora benefició al kirchnerismo en varios distritos del interior. Esa experiencia funciona como advertencia para ambos lados: la unidad tiene costos, pero la ruptura tiene costos mayores. En Córdoba, donde el peronismo provincial tiene una lógica propia e independiente del kirchnerismo nacional, el escenario de tres o cuatro listas competitivas podría abrir ventanas inesperadas. Lo que está en juego no es solo Córdoba. Si el modelo de negociación que se ensaya aquí funciona u fracasa, marcará el patrón para otras provincias donde el radicalismo reclama espacios similares. La decisión que tome el Gobierno en las próximas semanas tiene efecto cascada sobre toda la arquitectura de alianzas que sostiene a La Libertad Avanza en el Congreso. En ese sentido, la disputa cordobesa es, antes que nada, una disputa sobre el modelo de coalición que Argentina tendrá en 2027.