viernes, 30 de octubre de 2026
 
 
     
Axel Kicillof visita Jujuy y Santa Fe para sumar apoyo peronista

El gobernador bonaerense intensifica su construcción política nacional con reuniones clave en el norte y el centro del país.

Axel Kicillof despliega una agenda que excede con creces la gestión de la provincia de Buenos Aires. Su visita a Jujuy, con reunión incluida con el gobernador Carlos Sadir, y la preparación de un viaje a Santa Fe configuran un mapa de movimientos que el propio entorno del mandatario bonaerense no disimula: son recorridas con vocación nacional e intención electoral. El peronismo atraviesa una etapa de reconfiguración interna, y Kicillof busca posicionarse como una referencia con peso propio más allá del kirchnerismo duro. El encuentro con Sadir es, en términos simbólicos, el dato más llamativo de la jornada. Sadir es un gobernador de la Unión por la Patria que logró cierta autonomía respecto de las estructuras tradicionales del peronismo norteño, históricamente ligadas a la figura de Milagro Sala e influenciadas por el aparato nacional K. Que Kicillof lo visite en territorio jujeño implica tender puentes con un sector del peronismo que no responde directamente a la conducción de Cristina Fernández de Kirchner. El acto con un sector del peronismo jujeño refuerza esa lectura. Kicillof no convoca a la totalidad del PJ local, sino a una fracción específica, lo cual revela una estrategia selectiva: construir alianzas sin cargar con los costos políticos de los sectores más conflictivos u hostiles dentro del movimiento. Esa selectividad es, en sí misma, un mensaje hacia adentro del peronismo nacional. El desafío santafesino es estructuralmente distinto. El PJ de Santa Fe es un partido fragmentado, con tradición de autonomía respecto del peronismo bonaerense e historias propias de conducción provincial. Llegar allí con capacidad de convocatoria real implica negociar con caciques locales que tienen sus propias agendas e intereses. Kicillof deberá demostrar que su figura genera adhesión más allá del conurbano bonaerense, que es hasta ahora su territorio natural de influencia. En el fondo, estas recorridas responden a una necesidad estructural del peronismo opositor: construir una alternativa electoral creíble para 2027 sin depender exclusivamente de la figura de Cristina Fernández. Kicillof es, en ese esquema, uno de los pocos dirigentes con gestión en curso, imagen relativamente positiva fuera de la provincia e historia política propia. Eso lo convierte en un activo disputado e incómodo al mismo tiempo para los distintos sectores internos. La tensión con el kirchnerismo más ortodoxo sigue latente. Cada movimiento de Kicillof que implique diálogo con sectores no alineados con Cristina genera fricciones silenciosas pero reales. La visita a Jujuy, provincia donde el conflicto político tiene capas históricas complejas, puede leerse como una señal de independencia u como una apuesta de riesgo calculado. Lo que estas recorridas confirman es que el mapa del peronismo post-2023 está en plena reescritura. Kicillof apuesta a ser uno de los arquitectos de ese nuevo mapa, recorriendo provincias, acumulando vínculos e instalando una narrativa de gestión frente al ajuste de Javier Milei. Si esa estrategia le alcanza para convertirse en referencia nacional dependerá, en gran medida, de lo que ocurra en Santa Fe y en los territorios que aún no lo reconocen como propio.