miércoles, 28 de octubre de 2026
 
 
     
El PRO busca aliarse con Milei sin ceder candidatos ni estructura

El partido de Macri busca negociar una alianza con La Libertad Avanza sin resignar sus candidatos ni su estructura territorial.

El PRO enfrenta una de las decisiones más críticas de su historia reciente: cómo vincularse con Javier Milei en las elecciones de 2027 sin disolverse como fuerza política autónoma. La discusión interna ya no gira en torno a si aliarse o no, sino en qué condiciones y a qué precio. Lo que está en juego no es solo una estrategia electoral, sino la supervivencia del PRO como organización con identidad propia dentro del espacio de la derecha argentina. Desde que Milei ganó la presidencia en 2023, el PRO quedó en una posición incómoda: fue parte del triunfo cultural e ideológico del cambio, pero quedó fuera del poder ejecutivo nacional. Mauricio Macri intentó durante meses construir un rol de socio preferencial del gobierno libertario, con resultados dispares. La relación oscila entre la colaboración legislativa y la tensión por espacios de poder, cargos e influencia en la agenda pública. El desafío territorial es concreto. El PRO conserva intendencias, legisladores provinciales e infraestructura partidaria en distritos clave como la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba e importantes municipios del conurbano bonaerense. Esa red es su principal activo negociador. Si ingresa a una alianza con La Libertad Avanza sin garantías, corre el riesgo de que sus candidatos sean desplazados por figuras del espacio de Milei con mayor impulso de la opinión pública. El antecedente de Juntos por el Cambio es una advertencia interna que pocos en el PRO ignoran. La UCR, al integrarse a esa coalición, perdió progresivamente su capacidad de diferenciarse e imponer agenda propia. Para los estrategas del PRO, repetir ese esquema con Milei sería un error histórico. La lección aprendida es que las alianzas sin delimitación clara de espacios terminan favoreciendo al socio más grande. La variable electoral complica el cálculo. Si La Libertad Avanza mantiene niveles de aprobación elevados hacia 2027, el PRO tendrá escaso margen para imponer condiciones. En cambio, si el gobierno de Milei muestra desgaste, el partido de Macri podría presentarse como una alternativa ordenada dentro del mismo espacio ideológico. El PRO apuesta, en parte, a que ese escenario de desgaste parcial se materialice, lo que le daría poder de negociación real. Dentro del PRO conviven al menos dos posiciones. Un sector, más cercano a Macri, prioriza la negociación desde adentro: integrarse a la coalición oficial con garantías escritas sobre candidaturas e influencia en políticas públicas. Otro sector, más vinculado a dirigentes territoriales, prefiere preservar la identidad partidaria e ir a 2027 con perfil propio, aunque eso implique resultados electorales más modestos. Esa tensión interna no está resuelta. Lo que el PRO hace hoy es, en definitiva, una negociación de poder en cámara lenta. Cada declaración pública, cada voto en el Congreso e incluso cada silencio ante decisiones del gobierno es parte de ese posicionamiento. El partido sabe que llegar a 2027 con estructura e identidad intactas depende de cuánto logre diferenciarse de Milei sin romper con él, un equilibrio difícil de sostener en la política argentina.