martes, 27 de octubre de 2026
 
 
     
Glencore invertirá US$ 6.393 millones en minería en Catamarca

El proyecto Agua Rica fue oficializado bajo el RIGI. Las obras arrancan en 2027 y la producción de cobre y oro, en 2031.

El Gobierno nacional oficializó esta semana el ingreso del proyecto minero Agua Rica, de la multinacional suiza Glencore, al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). La inversión prevista asciende a US$ 6.393 millones en la provincia de Catamarca, con inicio de obras en 2027 e inicio de producción en 2031. La medida quedó plasmada en la Resolución 1854/2026 del Boletín Oficial e implica el mayor compromiso de inversión extranjera directa en el sector minero desde la llegada de Javier Milei a la presidencia. El anuncio no es solo económico: es una señal política hacia los mercados internacionales sobre la vigencia del modelo de desregulación. El RIGI fue uno de los ejes centrales del paquete de reformas estructurales que el oficialismo logró aprobar en el Congreso durante 2024, tras meses de negociaciones y conflictos legislativos. El régimen ofrece a las empresas que ingresen beneficios impositivos, aduaneros y cambiarios por un período extendido, a cambio de compromisos de inversión verificables. Desde su creación, el gobierno de Milei presentó el RIGI como la herramienta clave para atraer capitales que, según su diagnóstico, habían huido de Argentina por décadas de intervencionismo estatal. Agua Rica es, hasta ahora, la apuesta más grande que ese esquema logró capturar. Glencore es una de las mayores empresas de recursos naturales y commodities del mundo, con operaciones en más de 35 países. El proyecto Agua Rica tiene una historia larga en Argentina: fue concebido hace más de dos décadas e involucra un yacimiento polimetálico con reservas de cobre, oro, plata y molibdeno. La decisión de la compañía de avanzar ahora, bajo el paraguas del RIGI, responde a una combinación de precios internacionales favorables del cobre —impulsados por la demanda de tecnologías de transición energética— y a las garantías jurídicas e impositivas que el nuevo régimen ofrece. Desde el punto de vista político interno, la oficialización del proyecto refuerza la narrativa del gobierno de Milei sobre los resultados concretos de su modelo económico. El ejecutivo nacional necesita mostrar inversiones tangibles en un año en que el ajuste fiscal y la recesión todavía pesan sobre el consumo y el empleo. Un proyecto de esta magnitud, aunque sus efectos sobre la actividad real recién se sentirán en 2031, permite al oficialismo argumentar que el camino elegido genera confianza inversora de largo plazo. Sin embargo, el proyecto no está exento de tensiones. Organizaciones ambientales y comunidades de Catamarca llevan años cuestionando el impacto hídrico y ecológico de la megaminería en la región de Andalgalá, donde se ubica el yacimiento. La judicialización del proyecto tuvo episodios resonantes en la última década, y la entrada al RIGI no clausura esos conflictos: los acelera. El Estado provincial catamarqueño, gobernado por el peronismo de Raúl Jalil, acompañó el proceso, lo que muestra que la minería opera como un eje de acuerdo transversal entre fuerzas políticas que en otros terrenos se oponen. En términos de política exterior y comercial, el anuncio de Milei con Glencore en París —escenario en que se presentó el proyecto antes de su oficialización local— también tiene una lectura estratégica. El gobierno busca posicionar a Argentina como proveedor confiable de minerales críticos en el contexto de la disputa global por las cadenas de suministro de la transición energética. El cobre es un insumo esencial para cables, vehículos eléctricos e infraestructura de energías renovables, y las potencias industriales —Europa, Estados Unidos, China— compiten por asegurar su acceso. Lo que está en juego con Agua Rica excede a Catamarca y al RIGI. Es una prueba de si Argentina puede sostener las reglas del juego institucional lo suficiente como para que una inversión de diez años de maduración no quede trunca por una crisis política u un cambio de gobierno. Ese es, históricamente, el talón de Aquiles del país frente a los grandes capitales. El gobierno de Milei apuesta a que este proyecto sea la demostración de que algo cambió. Los próximos años dirán si esa apuesta tiene sustento u es solo otra promesa de despegue que Argentina no pudo sostener.