lunes, 26 de octubre de 2026
 
 
     
Una agrupación cívica presiona al Senado por la ley antiludopatía

La agrupación de Katja Alemann y Osvaldo Cornide advierte que el proyecto perderá estado parlamentario si el cuerpo no actúa pronto.

La agrupación Fuerza Suma intensificó su presión sobre el Senado de la Nación para que trate y apruebe el proyecto de ley contra la ludopatía antes de que venza su estado parlamentario. La iniciativa, impulsada por referentes como la actriz Katja Alemann y Osvaldo Cornide, empresario del sector mercantil, pone sobre la mesa una deuda histórica del sistema político argentino: la ausencia de un marco legal integral que regule e intervenga sobre las adicciones al juego. La ludopatía es reconocida como un trastorno de salud mental por la Organización Mundial de la Salud, pero en Argentina carece de legislación específica de alcance nacional. La expansión del juego online en los últimos años —impulsada por plataformas digitales con escasa regulación e intensa publicidad— agravó el cuadro clínico y social del fenómeno, en especial entre jóvenes. Es en ese contexto donde Fuerza Suma encontró su razón de ser y su capital político. El rol de Katja Alemann no es menor. La actriz aportó visibilidad mediática a una causa que, sin rostros reconocibles, difícilmente habría trascendido los márgenes del activismo sanitario. La combinación de una figura del espectáculo con un empresario como Cornide revela una estrategia deliberada: construir una coalición amplia, transversal a las identidades partidarias, capaz de generar presión social sobre los legisladores. El Senado argentino acumula una larga historia de proyectos que mueren por inacción. El mecanismo es conocido: las iniciativas obtienen media sanción en Diputados u ingresan con respaldo inicial, pero se demoran en comisiones hasta perder estado al cabo de dos años. Fuerza Suma apunta exactamente a ese cuello de botella institucional, haciendo explícita la amenaza del vencimiento para forzar una respuesta. Desde el punto de vista político, la jugada de la agrupación es eficaz porque coloca a los senadores ante una disyuntiva incómoda. Votar en contra implica un costo reputacional evidente; no votar equivale al mismo resultado, pero con menor visibilidad. La estrategia de marcar un plazo convierte la inacción en un acto político observable e impugnable. El debate sobre la ludopatía también conecta con tensiones más profundas alrededor de la regulación del juego en Argentina: una industria con intereses económicos concentrados, vínculos históricos con el poder político e ingresos fiscales que varios distritos no están dispuestos a resignar. Aprobar una ley fuerte implica, necesariamente, tocar esos intereses. Lo que está en juego no es solo un proyecto de ley sino la capacidad del sistema político para legislar sobre temas de salud pública cuando colisionan con lobbies sectoriales. Fuerza Suma convirtió el vencimiento parlamentario en un test de voluntad política. La respuesta del Senado definirá si la presión ciudadana organizada puede torcer esa inercia u optar por el silencio cómplice de siempre.