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| lunes, 26 de octubre de 2026 |
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El Gobierno asciende al hermano del ministro de Justicia
El Ejecutivo impulsa en el Senado el ascenso diplomático de Esteban Mahiques, hermano del ministro de Justicia, mientras está en licencia en la Cancillería.
El Poder Ejecutivo envió al Senado el pliego para ascender a Esteban Mahiques en la carrera diplomática, una decisión que concentra tres problemas políticos simultáneos: el ascenso se produce mientras el funcionario goza de licencia en la Cancillería, ejerce como jefe de asesores de su propio hermano Juan Bautista Mahiques —ministro de Justicia— e implica que el Estado promueve a alguien que en los hechos no está ejerciendo sus funciones diplomáticas. La maniobra expone con claridad la lógica de nepotismo institucional que atraviesa al gobierno de Milei.
Esteban Mahiques pertenece a la carrera del Servicio Exterior de la Nación, un cuerpo que en teoría selecciona e impulsa a sus integrantes por mérito e idoneidad. Sin embargo, el mecanismo utilizado en este caso invierte esa lógica: el funcionario no está activo en Cancillería sino trabajando para un familiar directo en otra cartera, e igual recibe el beneficio del ascenso. Eso no es un tecnicismo administrativo menor, es una señal sobre cómo el Ejecutivo entiende el Estado.
El contexto político agrava el cuadro. Juan Bautista Mahiques es una figura de peso en el gabinete de Milei, con llegada directa al Presidente e influencia sobre la agenda judicial. Que su hermano ocupe la jefatura de asesores del ministerio ya era en sí mismo un dato sensible. Que ahora el mismo Ejecutivo impulse su ascenso en otra carrera estatal, mientras lo tiene en funciones informales dentro de su órbita, convierte la situación en un caso de manual sobre la captura del aparato público por vínculos familiares.
Desde una perspectiva histórica, el nepotismo en la administración pública argentina no es una novedad ni patrimonio de un solo espacio político. Lo que cambia en cada gestión es el grado de exposición e impunidad con que se ejecuta. El gobierno de Milei llegó al poder con una retórica de ruptura con la casta e identificación de los privilegios del Estado como el núcleo del problema argentino. Esa narrativa entra en contradicción directa con episodios como el de los Mahiques.
La decisión de enviarlo al Senado implica además un cálculo legislativo. El oficialismo necesita votos para aprobar pliegos y construye con eso moneda de negociación. Que elija gastar capital político en el ascenso del hermano de un ministro, en lugar de priorizar otras designaciones con mayor justificación técnica, habla de prioridades concretas. El Senado, por su parte, tiene la potestad de rechazarlo u postergarlo, aunque históricamente los pliegos de este tipo se aprueban sin mayor debate.
Las implicancias para la coyuntura son dobles. Hacia adentro del gobierno, el episodio refuerza la percepción de que los anillos internos del poder distribuyen beneficios entre sí con escaso control. Hacia afuera, le da munición a una oposición que hasta ahora no encontró casos lo suficientemente concretos e ilustrativos para instalar el debate sobre privilegios dentro de La Libertad Avanza. Un hermano, un ministerio, una licencia y un ascenso: la cadena es corta y difícil de desarticular narrativamente.
En un gobierno que hizo del ajuste su bandera central e interpeló a amplios sectores de la sociedad con el argumento de terminar con los privilegios de los de adentro, sostener una promoción como la de Esteban Mahiques tiene un costo simbólico que no se mide solo en votos. Se mide en credibilidad. E esa, una vez erosionada, es la más difícil de recuperar.Más noticias de Datapolítica
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