martes, 27 de octubre de 2026
 
 
     
Massa elogió a Lula y le exigió a Milei aceptar su derrota

El líder del Frente Renovador elogió la coalición amplia que llevó al PT al poder en Brasil y exigió a Milei reconocer el resultado electoral.

Sergio Massa tomó la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil como una oportunidad política de doble filo: celebrar un triunfo del campo progresista regional e instalar un modelo de construcción electoral que, según su lectura, el peronismo argentino debería imitar. La comparación entre Lula y el histórico Juan Domingo Perón no es casual ni inocente: Massa la usa para dotar de densidad ideológica a un proyecto que, en la Argentina de 2026, todavía busca su forma definitiva frente al gobierno de Javier Milei. El contexto no es menor. El Frente Renovador atraviesa una etapa de reposicionamiento luego de la derrota de 2023. Massa, que llegó a la segunda vuelta presidencial, mantiene estructura territorial e intención de liderazgo, pero necesita ampliar su base de alianzas para ser competitivo. En ese marco, la coalición que construyó Lula —que sumó desde sectores de centroderecha hasta movimientos sociales— funciona como espejo y argumento: la amplitud, sostiene Massa, es condición de victoria. La exigencia al presidente Milei de reconocer el resultado brasileño tiene una lectura interna tanto u otra externa. Hacia afuera, Massa se posiciona como defensor de la institucionalidad democrática regional. Hacia adentro, subraya el contraste entre un gobierno argentino que tensiona vínculos con Brasil —el principal socio comercial del país— y una oposición que apuesta a la normalización bilateral como política de Estado. La relación Argentina-Brasil arrastra fricciones desde que Milei calificó a Lula con términos hostiles antes de asumir. Ese distanciamiento tuvo costos concretos: negociaciones en el Mercosur complicadas, señales cruzadas en foros regionales e inversores brasileños que midieron con cautela el clima bilateral. Massa instala la cuestión como un problema de gestión gubernamental, no solo de estilo. La referencia a Perón opera también en un plano simbólico interno al peronismo. Equiparar a Lula con el fundador del movimiento es una forma de legitimar hacia los sectores más duros del PJ la estrategia de coalición amplia, que históricamente genera resistencias en la identidad peronista más cerrada. Massa traduce: si Lula —con su historia sindical y su pasado de izquierda— puede gobernar con aliados de centroderecha, el peronismo argentino puede hacer lo mismo sin traicionar su esencia. El riesgo analítico de esta operación es visible. Brasil y Argentina tienen sistemas políticos estructuralmente distintos. El PT construyó su coalición desde la oposición durante años, con una identidad programática consolidada. El peronismo argentino, en cambio, enfrenta una fragmentación interna que no se resuelve con analogías históricas. La pregunta que Massa no responde es quién conduce esa eventual coalición amplia y bajo qué programa concreto. En la coyuntura de octubre de 2026, el movimiento de Massa cumple una función inmediata: mantener su nombre en el centro del debate opositor, marcar agenda frente a un gobierno en tensión con sus vecinos y ofrecer un relato de alternativa que todavía no tiene candidatura ni estructura electoral definida. La figura de Lula le presta autoridad prestada. Lo que reste por construir es propio.