viernes, 23 de octubre de 2026
 
 
     
Sin acuerdo, los partidos buscan candidatos en 80 municipios

Sin acuerdo para modificar el límite de mandatos, el peronismo, el PRO y La Libertad Avanza buscan candidatos para más de 80 municipios en 2027.

La imposibilidad de modificar la ley bonaerense que prohíbe una segunda reelección consecutiva desencadenó el proceso de renovación más masivo de intendentes en la historia reciente de la provincia de Buenos Aires. Más de 80 jefes comunales —distribuidos entre el peronismo, el PRO y La Libertad Avanza— no pueden presentarse en 2027, lo que convierte a los municipios en el principal campo de tensión política de la etapa preelectoral. La magnitud del fenómeno no es un dato menor: quien controle esas sucesiones controlará buena parte del armado territorial del conurbano. El contexto normativo es claro pero sus efectos son profundamente políticos. La ley vigente en la provincia limita la reelección a un solo mandato consecutivo, una restricción que varios bloques intentaron modificar sin éxito. La falta de consenso legislativo —producto de intereses cruzados entre fuerzas que en algunos distritos son socias y en otros son competidoras— dejó a decenas de intendentes sin salida institucional propia y abrió una disputa interna por las sucesiones que en muchos casos ya está en marcha. En el peronismo, la cuestión sucesoria arrastra una tensión estructural: los intendentes salientes buscan preservar su influencia a través de candidatos propios, pero los espacios nacionales e intermedios —desde el kirchnerismo hasta los sectores más cercanos a Axel Kicillof— intentan instalar perfiles afines. Esa disputa no es nueva, pero la escala del recambio simultáneo la vuelve inmanejable para cualquier conducción centralizada. Ningún liderazgo provincial tiene hoy la autoridad suficiente para ordenar 80 sucesiones sin conflicto. El PRO enfrenta un problema diferente pero igualmente serio. En varios municipios del conurbano donde gobierna, la renovación generacional que siempre prometió se vuelve ahora una obligación legal. El partido llega a este proceso con una identidad nacional debilitada y una estructura provincial que nunca terminó de consolidarse fuera de sus bastiones históricos. Definir candidatos en distritos competitivos sin el respaldo de figuras nacionales sólidas es un desafío que puede costarle varios municipios. La Libertad Avanza, en cambio, enfrenta el problema opuesto: tiene intendentes que recién asumieron u que están en su primer mandato, pero el partido carece de estructura territorial propia para proyectar sucesiones orgánicas. En los pocos distritos donde gobierna, la dependencia respecto del liderazgo de Javier Milei es tan alta que cualquier candidatura local que no cuente con señal clara desde la Casa Rosada nace con un déficit de legitimidad interna. El impacto en el conurbano bonaerense es especialmente relevante porque esa región concentra el mayor volumen de votos de la provincia e históricamente define el resultado de las elecciones nacionales. Un recambio desordenado de intendentes puede fragmentar el voto territorial, abrir espacios para candidatos independientes y alterar alianzas que hoy parecen estables. La experiencia histórica muestra que las internas municipales bonaerenses tienen capacidad real de contagiar hacia arriba: lo que pasa en Lomas de Zamora u en Quilmes no es indiferente para lo que ocurre en la boleta provincial. En términos analíticos, la ley de reelección opera aquí como un acelerador involuntario de la crisis de representación partidaria. Las fuerzas políticas que no logran reproducirse institucionalmente —que no generan cuadros propios con autonomía real— quedan expuestas cuando la renovación es obligatoria y masiva. El verdadero test de 2027 no será solo quién gana la presidencia o la gobernación: será qué partidos pueden reemplazar a sus propios intendentes sin desmoronarse en el intento.