miércoles, 21 de octubre de 2026
 
 
     
Tres senadores peronistas habilitan el debate de salud mental

Andrada, Moisés y Mendoza firmaron un dictamen de minoría y forzaron al oficialismo a quedar en mayoría, pero con disidencias internas que complican el voto.

Tres senadores que rompieron con el kirchnerismo —Guillermo Andrada, Carolina Moisés y Sandra Mendoza— firmaron este miércoles un dictamen de minoría sobre salud mental y habilitaron así el ingreso del tema al recinto del Senado. Con esa firma, el despacho del oficialismo y sus aliados quedó automáticamente convertido en dictamen de mayoría, condición técnica necesaria para que una sesión pueda convocarse. El movimiento es relevante no por lo que resuelve, sino por lo que abre: un escenario de votación en el que nadie tiene los números cerrados. El peronismo disidente —o lo que algunos ya llaman el "PJ díscolo"— viene operando en los últimos meses como una fuerza bisagra dentro de la Cámara alta. Andrada, Moisés y Mendoza abandonaron la conducción kirchnerista del bloque pero no migraron al oficialismo. Esa posición intermedia les otorga una capacidad de presión desproporcionada respecto de su peso numérico real, y la maniobra de esta tarde es una demostración concreta de ese poder. El dictamen de mayoría que quedó consolidado tiene, sin embargo, varias disidencias registradas. Eso significa que el texto que eventualmente se vote en el recinto puede tener modificaciones de fondo impulsadas por distintos sectores, o bien que algunos firmantes terminen votando en contra del conjunto del proyecto. En el Senado argentino, un dictamen de mayoría no garantiza votos: es apenas un permiso para debatir. La ley de salud mental vigente —la 26.657, sancionada en 2010— tiene una historia política densa. Su reforma fue intentada en distintas oportunidades y siempre naufragó en disputas entre el sector de la psiquiatría biologicista, los colectivos de usuarios y las corrientes psi de orientación comunitaria. El proyecto actual reactiva esas tensiones y suma otras: el recorte presupuestario en el área de salud que el gobierno nacional ejecutó durante 2024 e 2025 es un dato que los bloques opositores no piensan dejar pasar. El oficialismo necesita esta semana mostrar capacidad legislativa. Una sesión sobre salud mental le permitiría exhibir gestión parlamentaria sin exponer temas de mayor riesgo político. Pero la estrategia tiene un problema estructural: las disidencias dentro del propio dictamen de mayoría anticipan un debate caótico, con enmiendas en el recinto y posibles sorpresas en la votación final. El Senado argentino tiene una larga tradición de sesiones que terminan de manera diferente a como fueron planeadas. La conducta de los tres exkirchneristas también debe leerse en clave interna del peronismo. Al firmar el dictamen de minoría, Andrada, Moisés y Mendoza evitaron ser los responsables de bloquear un tema sensible para la ciudadanía, pero tampoco le regalaron al oficialismo una victoria limpia. Es una posición tácticamente cómoda: permiten que el debate ocurra, conservan margen para votar en distintas direcciones y mantienen su independencia visible de cara a la opinión pública. Lo que viene es incierto. El oficialismo no asegura los votos necesarios y la oposición tampoco tiene una postura unificada. La semana próxima puede traer una sesión con resultado impredecible u otra postergación que deje el tema flotando. En cualquiera de los dos escenarios, los tres senadores díscolos ya lograron su objetivo político inmediato: estar en el centro del tablero sin asumir el costo de ninguna derrota.