viernes, 23 de octubre de 2026
 
 
     
Máximo Kirchner: el acto del 17 de Octubre como arena de guerra

El líder de La Cámpora usó el Día de la Lealtad en Chaco para disciplinar al peronismo disidente y blindar la figura de Cristina.

El Día de la Lealtad dejó este año una imagen reveladora: Máximo Kirchner eligió Chaco como escenario para librar una batalla que no es contra Milei sino contra el interior del propio peronismo. El diputado y conductor de La Cámpora montó un acto donde el enemigo explícito no fue el gobierno nacional sino los dirigentes del PJ que prometen confrontación e históricamente ceden ante la primera presión. El mensaje tuvo destinatarios concretos dentro del movimiento, e implicó una disputa abierta por la conducción orgánica del partido ante un escenario electoral que se aproxima. El kirchnerismo duro atraviesa una de sus fases más tensas desde la derrota de 2023. La condena a Cristina Kirchner y su inhabilitación instalaron una zona de indefinición sobre el liderazgo del espacio. En ese vacío, distintas corrientes del PJ buscan reposicionarse: algunos gobernadores e intendentes ensayan distancias prudentes del núcleo duro, mientras figuras intermedias tantean alianzas alternativas. Máximo Kirchner respondió a ese movimiento centrífugo con un acto de afirmación identitaria que buscó trazar una línea entre leales y tibios. La referencia a quienes prometen "batalla" pero "al primer chasquibú salen corriendo" no fue retórica vacía. Apuntó con precisión a sectores que en el último año negociaron con el oficialismo nacional o moderaron sus posiciones frente a la agenda de ajuste del gobierno de Milei. Para La Cámpora, esa moderación equivale a traición, y la narrativa del acto intentó instalar esa equivalencia de forma explícita ante la militancia presente. La definición de Cristina Kirchner como "secuestrada" operó en dos niveles simultáneos. En el nivel judicial, buscó instalar la idea de que la condena e inhabilitación son un mecanismo de proscripción política antes que un fallo legítimo. En el nivel interno, la figura del "secuestro" refuerza la narrativa del martirio que históricamente cohesionó al kirchnerismo en momentos de repliegue. Presentar a la ex presidenta como víctima activa —e no como figura políticamente derrotada— es una decisión estratégica que busca mantener intacta su capacidad de tracción electoral. Chaco como sede del acto tampoco fue una elección neutral. La provincia tiene peso simbólico en la geografía peronista del norte argentino y sus estructuras territoriales son disputadas entre distintas facciones. Llevar el acto allí fue también una demostración de presencia orgánica en un territorio donde el kirchnerismo necesita consolidar lealtades ante el ciclo electoral que se abre. La militancia local fue el destinatario inmediato, pero el mensaje viajó hacia todas las provincias donde el PJ enfrenta tensiones de conducción. El problema estructural que el acto no resuelve es la pregunta sobre quién conduce el espacio si Cristina Kirchner permanece inhabilitada. Máximo puede ejercer la conducción operativa, pero su figura no genera el mismo nivel de adhesión ni de cohesión que la de su madre. El acto del 17 de Octubre fue una demostración de fuerza hacia adentro, pero también un recordatorio de que el kirchnerismo sigue girando en torno a una figura cuya disponibilidad electoral está, al menos formalmente, vedada.