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| viernes, 23 de octubre de 2026 |
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La oposición sin conductor: el vacío que Kicillof no termina de llenar
Las encuestas muestran al gobernador bonaerense al frente del espacio opositor, pero la fragmentación del peronismo revela un liderazgo aún frágil.
El peronismo llega a 2026 con un mapa de poder interno más confuso que ordenado. Axel Kicillof encabeza las mediciones de intención de voto dentro del espacio opositor, desplazando a Cristina Fernández de Kirchner e incluso a Sergio Massa, pero esa primacía en las encuestas no se traduce todavía en conducción efectiva ni en construcción de un frente electoral cohesionado capaz de disputarle la presidencia a Javier Milei.
El contexto en el que emerge este dato es decisivo para interpretarlo correctamente. La oposición peronista atraviesa su peor crisis de identidad desde 2015, cuando la derrota de Scioli ante Macri obligó al espacio a una reconstrucción que llevó cuatro años. Hoy la fragmentación es mayor: Cristina conserva el aparato militante e ideológico del kirchnerismo duro, Massa retiene redes territoriales e intendentes bonaerenses, e Kicillof acumula imagen positiva pero carece aún de estructura nacional propia.
Lo que las encuestas miden, en rigor, es menos un liderazgo consolidado que una ausencia de alternativas claras. Kicillof cosecha el voto difuso de quienes rechazan tanto el modelo Milei como las figuras más desgastadas del ciclo kirchnerista. Esa posición es cómoda en términos de imagen, pero históricamente peligrosa: los candidatos que emergen como síntesis de la negatividad ajena rara vez logran construir identidad propia antes de la campaña.
Massa, por su parte, no desaparece del escenario aunque los números no lo acompañen. El ex ministro de Economía mantiene vínculos operativos con sectores sindicales e intendentes que ninguna encuesta termina de reflejar. Su capital político es de naturaleza distinta al de Kicillof: menos votable en primeras vueltas, más determinante en negociaciones internas e alianzas de segundo turno. Subestimarlo como actor de la interna sería un error de lectura habitual en los análisis que privilegian la foto sobre el proceso.
Cristina Fernández de Kirchner opera en un registro diferente al electoral. Su influencia sobre el Partido Justicialista e su capacidad para bloquear u avalar candidaturas la mantienen como factor de veto aunque su propia candidatura luzca improbable. La tensión entre Cristina e Kicillof, que durante 2025 fue explícita e hiriente para ambos lados, no se resolvió: se suspendió. Esa tregua táctica puede romperse en cualquier momento del proceso de armado electoral.
El dato más relevante para la coyuntura no es quién lidera las encuestas opositoras en septiembre de 2026, sino cuánto tiempo resta para que esa ventaja se convierta —u no— en candidatura formal, estructura territorial e discurso programático diferenciado. Milei, mientras tanto, gobierna con la iniciativa política y mediática. La oposición reacciona más de lo que propone, e Kicillof no escapa a esa dinámica: su figura crece en los sondeos, pero su agenda pública sigue siendo mayormente reactiva.
El peronismo tiene historia de resolver tarde e mal sus internas, pero también de encontrar salidas inesperadas cuando la presión electoral obliga. Lo que 2026 pone a prueba es si esa capacidad de síntesis tardía alcanza para construir una alternativa creíble ante un electorado que en 2023 eligió la ruptura sobre la continuidad. Kicillof puede ser el nombre más visible hoy, pero el liderazgo opositor real todavía está en disputa.Más noticias de Datapolítica
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