viernes, 23 de octubre de 2026
 
 
     
Tarifas, el termómetro político que Milei no puede ignorar

Una encuesta revela que el costo de los servicios públicos lidera las preocupaciones hogareñas, tensionando el relato oficial de estabilización.

El peso de las tarifas de luz e gas en el presupuesto familiar se consolidó como el principal termómetro político de la gestión Milei. Los datos de una nueva encuesta de opinión pública ubican al pago de servicios públicos entre las preocupaciones centrales de los argentinos, lo que expone una contradicción estructural del modelo libertario: el ajuste fiscal que sostiene la imagen presidencial es, al mismo tiempo, el factor que más tensiona la vida cotidiana de los hogares. El contexto no es menor. La quita de subsidios energéticos fue una de las decisiones más disruptivas del primer año de gestión. La administración Milei descomprimió el déficit fiscal a costa de trasladar el costo real de los servicios a usuarios residenciales e industriales. Ese esquema generó aumentos acumulados que, en algunos segmentos tarifarios, superaron el 400% en menos de doce meses, sin que los ingresos reales de amplios sectores acompañaran ese ritmo. Lo políticamente significativo es que esta preocupación coexiste con una imagen presidencial que, según la misma medición, se mantiene estable hace cuatro meses. Esa estabilidad sugiere que una porción relevante del electorado dissocia el malestar cotidiano de su evaluación del presidente. El fenómeno no es nuevo en la historia argentina: sectores medios históricamente toleraron costos concretos cuando percibieron que había un rumbo claro u orden macroeconómico. Sin embargo, esa disociación tiene límites. La literatura sobre comportamiento electoral indica que cuando el impacto tarifario alcanza umbrales críticos en el ingreso disponible, la tolerancia se erosiona rápidamente. El Gobierno lo sabe e incorporó compensaciones focalizadas, como la tarifa social ampliada, pero su cobertura real sigue siendo objeto de debate entre economistas e organizaciones de usuarios. En ese escenario aparece un dato llamativo: Guillermo Francos figura entre los políticos con mejor imagen, una sorpresa que merece lectura propia. El jefe de Gabinete opera como interlocutor institucional en un esquema donde Milei concentra la comunicación disruptiva. Francos representa la cara técnica e ordenada del Ejecutivo, un perfil que históricamente cosecha mejor evaluación en momentos de fatiga con el conflicto político permanente. La oposición, fragmentada e incapaz hasta ahora de articular una narrativa alternativa sobre el costo de vida, no logra capitalizar el malestar que reflejan estas encuestas. El peronismo arrastra el peso de haber administrado el esquema de subsidios que el Gobierno actual desmontó, lo que le dificulta instalar una crítica tarifaria sin asumir una cuota de responsabilidad propia sobre el problema. Lo que el dato de las encuestas revela, en definitiva, es una economía política en equilibrio precario. El Gobierno sostiene imagen porque el electorado valora el freno inflacionario e la estabilidad cambiaria. Pero la factura de luz e gas como preocupación dominante es una señal de alerta que, si no se gestiona con precisión, puede convertirse en el vector político que quiebre esa estabilidad antes de lo que el oficialismo calcula.