jueves, 5 de noviembre de 2026
 
 
     
Macri choca con los gobernadores del PRO por los pactos con Milei

El ex presidente quiere manejar la negociación con la Casa Rosada, pero los mandatarios del PRO buscan pactar por su cuenta con La Libertad Avanza.

Una fractura interna sacude al PRO antes de que comience a calentarse el ciclo electoral de 2027. Mauricio Macri e integrantes de su propio partido protagonizan una disputa de fondo sobre quién tiene la autoridad para negociar los acuerdos provinciales con La Libertad Avanza. Los gobernadores del PRO pretenden avanzar de forma autónoma, sin pasar por el filtro del ex presidente. Macri, en cambio, gestiona personalmente un entendimiento con la Casa Rosada e interpreta que esa vía paralela es un error estratégico. El conflicto no es meramente procedimental. Detrás de la discusión sobre los canales de negociación hay una pelea por el poder real dentro del partido. Los gobernadores controlan territorio, recursos e imagen propia. Esa acumulación de capital político los coloca en condiciones de dialogar directamente con el oficialismo sin necesitar la intermediación de la conducción nacional del PRO. Macri, que opera desde Buenos Aires y sin cargo ejecutivo, ve en esa autonomía una amenaza a su rol de árbitro central del espacio. El contexto no es menor. Con las elecciones de 2027 en el horizonte, cada acuerdo provincial es también una definición sobre listas, candidatos e identidad. Si los gobernadores negocian por separado, pueden terminar construyendo condiciones locales que contradigan o compitan con la estrategia nacional que Macri intenta consolidar con La Libertad Avanza. El resultado sería un PRO fragmentado en términos electorales, con distintas versiones del partido según la provincia. La tensión refleja además una transformación estructural que el PRO viene procesando desde que dejó el gobierno nacional. El partido ya no tiene la cohesión que da el ejercicio del poder ejecutivo central. Los gobernadores emergieron como las figuras con mayor peso propio e independencia, mientras que la conducción nacional quedó reducida a una autoridad más simbólica que operativa. Macri resiste esa reconfiguración, pero los hechos muestran que su capacidad de disciplinar al partido es más limitada que antes. Para La Libertad Avanza, esta disputa interna del PRO es una oportunidad. Un PRO dividido sobre cómo relacionarse con el oficialismo es un interlocutor más débil e influenciable. Si cada gobernador negocia por su cuenta, el gobierno nacional puede ofrecer condiciones distintas a cada uno, evitar compromisos colectivos e impedir que el PRO coordine una posición de fuerza. La autonomía de los mandatarios provinciales, presentada como fortaleza, puede convertirse en una ventaja táctica para la Casa Rosada. La situación pone al PRO frente a una pregunta que todavía no tiene respuesta clara: si es un partido con conducción centralizada o una federación de liderazgos territoriales. Esa definición importa para 2027, porque de ella depende si el PRO compite como fuerza propia, como aliado subordinado de LLA u como una colección de acuerdos locales sin proyecto común. Macri intenta imponer la primera lectura. Los gobernadores, con sus movimientos, sugieren otra cosa. Lo que esta tensión deja en evidencia es que el PRO enfrenta un problema de representación interna que no se resolverá con declaraciones ni con gestos de unidad. La negociación con La Libertad Avanza es el escenario donde esa contradicción se vuelve visible e insoslayable. Mientras Macri y los gobernadores no acuerden quién habla en nombre del partido, el PRO llegará al ciclo electoral con una debilidad estructural que sus adversarios sabrán aprovechar.
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