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| miércoles, 4 de noviembre de 2026 |
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El Gobierno polariza con Cristina y crece su conflicto interno
En la Casa Rosada aprovecharon la reaparición de la expresidenta para desviar la agenda, mientras crecen las tensiones con Bullrich y el PRO.
El Gobierno de Javier Milei eligió la polarización con el kirchnerismo como salida táctica ante un cuadro interno cada vez más complicado. La reaparición pública de Cristina Kirchner fue aprovechada por la Casa Rosada para correrse del centro de la escena e instalar un eje de disputa que le resulta más favorable electoralmente. La maniobra no es nueva, pero su reiteración revela una administración que prefiere el conflicto externo al ordenamiento propio.
El trasfondo es una acumulación de tensiones internas que el oficialismo evita procesar. Las reuniones de la cúpula libertaria se postergan sin fecha clara, señal de que los consensos hacia adentro del espacio son más difíciles de construir de lo que la conducción admite públicamente. Ese silencio organizativo no es neutro: en política, lo que no se resuelve se acumula.
La relación con Patricia Bullrich suma otro frente abierto. El Gobierno evita responderle de manera directa, una actitud que combina cálculo e incomodidad. Bullrich ocupa un lugar institucional relevante e ignorarla tiene costos, pero enfrentarla también. El resultado es una indefinición que no cierra el conflicto sino que lo estira.
El vínculo con el PRO no muestra señales reales de reactivación. Algunas coincidencias legislativas generan la ilusión de coordinación, pero no alcanzan para hablar de alianza operativa. La distancia entre ambos espacios persiste en lo orgánico e ideológico, y las coincidencias puntuales en el Congreso no reemplazan un acuerdo político de fondo.
En ese contexto, la aparición de Cristina Kirchner funcionó como un regalo para la estrategia comunicacional oficialista. La expresidenta concentra rechazo en sectores amplios del electorado no peronista, e instalarla como adversaria central le permite a Milei ordenar su relato hacia afuera cuando el orden interno falta. Es una lógica de campaña permanente aplicada a la gestión.
El riesgo de esa estrategia es su desgaste. La polarización sostenida exige enemigos activos e implica resignar agenda propia. Cuando el adversario no colabora o la atención pública se dispersa, el recurso pierde eficacia y deja expuesto el vacío que intentaba cubrir. El Gobierno aún no mostró cómo administra ese momento.
Lo que el cuadro general revela es una administración que gestiona los conflictos internos mediante la elusión y los externos mediante la explotación táctica. Es un esquema que puede funcionar en el corto plazo, pero que no resuelve ninguna de las tensiones de fondo: ni las internas libertarias, ni la relación con el PRO, ni el vínculo con figuras como Bullrich que orbitan el espacio sin estar del todo dentro.Más noticias de Datapolítica
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