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| lunes, 2 de noviembre de 2026 |
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Los hermanos Caputo dirigen un think tank libertario con fondos opacos
El think tank vinculado al oficialismo mezcla consultoría política, producción de contenido y financiamiento opaco bajo un mismo techo.
La Fundación Faro no es solo un espacio de ideas: es una pieza clave en la arquitectura de poder del movimiento libertario argentino. Santiago y Francisco Caputo, figuras centrales del entorno presidencial, controlan su organización financiera y operativa, lo que convierte a esta institución en mucho más que un laboratorio de políticas públicas. Es, en los hechos, una usina de influencia con vínculos directos al corazón del gobierno de Javier Milei.
El dato más revelador no es quiénes la dirigen, sino qué ocurre dentro de sus dependencias. Allí operan consultores de Move, la firma de comunicación política con historia propia en el ecosistema libertario, y se producen contenidos para streamers afines al espacio. La superposición de funciones —consultoría, producción mediática e ideología— en un mismo espacio físico describe una estructura de poder integrada verticalmente, no una fundación académica tradicional.
En la política argentina, los think tanks siempre funcionaron como correas de transmisión entre el poder económico, las ideas y la acción partidaria. La Fundación Faro replica ese modelo, pero con una novedad: su cercanía al Estado no es aspiracional sino real e inmediata. Los hermanos Caputo no son donantes externos; son operadores activos dentro del gobierno nacional.
Esta imbricación entre fundación, consultora y medios alternativos plantea preguntas sobre transparencia y financiamiento. En Argentina, las fundaciones gozan de beneficios impositivos y escaso escrutinio público. Cuando esas instituciones tienen vínculos orgánicos con funcionarios en ejercicio, el debate sobre conflictos de interés se vuelve inevitable y urgente.
El rol de los streamers libertarios como herramienta de comunicación oficialista ya fue señalado en múltiples análisis. Que su producción ocurra en instalaciones vinculadas a una fundación controlada por asesores presidenciales refuerza la hipótesis de que ese ecosistema mediático no es espontáneo: tiene dirección, financiamiento e infraestructura.
Para la oposición, este esquema ofrece un blanco político concreto. Señalar la opacidad de Faro es señalar la opacidad del propio gobierno en sus estructuras paralelas de poder. Para el oficialismo, la fundación es simplemente la forma institucional que adopta cualquier movimiento político moderno para proyectar ideas e influencia.
Lo que el caso Faro revela, en definitiva, es que el libertarismo argentino construyó un aparato político-comunicacional sofisticado mucho antes de llegar al gobierno, y lo perfeccionó desde adentro. Eso no es una anomalía: es una estrategia. La pregunta que queda abierta es quién la financia y a quién le rinde cuentas.Más noticias de Datapolítica
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