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| jueves, 29 de octubre de 2026 |
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El Papa León XIV visitará Argentina por primera vez en casi 40 años
La llegada del nuevo pontífice en noviembre rompe una ausencia papal que duró casi cuatro décadas, desde la histórica visita de Juan Pablo II en 1987.
El papa León XIV llegará a la Argentina el 8 de noviembre próximo y recorrerá Buenos Aires, Córdoba y Luján en una gira que pondrá fin a 39 años de ausencia papal en el país. La visita no es solo un acontecimiento religioso: en un país atravesado por una crisis social profunda e instituciones debilitadas, la presencia del máximo líder católico tiene una dimensión política inevitable que el gobierno de turno ya comenzó a capitalizar en términos de imagen.
La última vez que un papa pisó suelo argentino fue en abril de 1987, cuando Juan Pablo II realizó una gira de diez ciudades que culminó con una misa multitudinaria en la avenida 9 de Julio frente a cerca de un millón de fieles. En ese momento, el país transitaba la fragilidad de su primera década democrática bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, y la visita tuvo una carga simbólica enorme: representaba el espaldarazo internacional a una democracia todavía en construcción.
La comparación con aquel 1987 no es caprichosa. Argentina atraviesa hoy una transformación política y económica de magnitud similar, con un gobierno que reivindica la ruptura con el orden anterior y busca legitimidad tanto interna como externa. La visita de León XIV llega en ese contexto e, aunque el Vaticano evita explícitamente los alineamientos políticos, la coincidencia de tiempos genera lecturas inevitables sobre quién se beneficia del acontecimiento.
León XIV es el primer papa estadounidense de la historia, lo cual agrega una capa de complejidad geopolítica al análisis. Su llegada a la Argentina no puede leerse sin considerar el reordenamiento de las relaciones entre Buenos Aires y Washington en los últimos años. El vínculo entre el gobierno argentino y los Estados Unidos tiene hoy una densidad política particular, y la presencia de un pontífice de origen norteamericano en suelo argentino refuerza, aunque sea simbólicamente, ese eje.
Luján ocupa un lugar central en el itinerario y eso tampoco es neutral. La Basílica de Luján es el santuario mariano más importante del país y convoca históricamente a sectores populares con fuerte arraigo en el peronismo. Que el papa elija ese destino implica un mensaje hacia esa base social, independientemente de la voluntad explícita del Vaticano. La Iglesia argentina, por su parte, llega a esta visita con sus propias tensiones internas entre sectores más conservadores y otros con mayor sensibilidad social.
El antecedente de Juan Pablo II también recuerda que las visitas papales generan efectos políticos de largo plazo que no siempre benefician al gobierno receptor. Alfonsín recibió al papa en un momento de desgaste y la movilización popular que generó la visita no se tradujo en capital político para la Casa Rosada. La pregunta pertinente es si la administración actual tiene capacidad real de apropiarse del evento u si la masividad de la convocatoria terminará expresando demandas sociales que el gobierno preferiría no visibilizar.
En definitiva, la visita de León XIV a la Argentina es un espejo en el que el país se mira y no siempre le devuelve la imagen que el poder espera. Treinta y nueve años después de aquella jornada histórica en la 9 de Julio, la Argentina vuelve a recibir a un papa en un momento de transformación profunda e incertidumbre. La dimensión religiosa del acontecimiento es real y masiva; la dimensión política, igual de real e igual de masiva, aunque menos confesable.Más noticias de Datapolítica
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