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| martes, 27 de octubre de 2026 |
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El PJ busca recuperarse imitando el triunfo de Lula
Dirigentes peronistas celebraron la victoria de Lula en San Pablo y buscan replicar su modelo de recuperación electoral frente a la derecha.
El peronismo argentino encontró en la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flavio Bolsonaro un espejo donde proyectar sus propias aspiraciones de cara a las elecciones de 2027. Las principales figuras del Partido Justicialista no solo celebraron el resultado desde Buenos Aires: varios dirigentes estuvieron presentes en el búnker de San Pablo durante la noche del escrutinio, en un gesto que mezcla solidaridad ideológica con cálculo político explícito. La señal que el PJ quiere transmitir es clara: si el PT pudo remontar desde la derrota, el peronismo también puede.
El paralelismo que construye el peronismo no es casual ni espontáneo. La trayectoria del PT en Brasil ofrece un relato ordenado que el PJ necesita: una fuerza desplazada del poder por una derecha confrontacional, que reorganizó su base social e institucional y volvió a ganar. Para un movimiento que enfrenta fragmentación interna, desgaste de sus figuras históricas e incertidumbre sobre el liderazgo, la narrativa brasileña funciona como argumento de viabilidad ante propios e intermedios.
Sin embargo, la analogía tiene límites estructurales que el entusiasmo peronista tiende a minimizar. Lula contó con una identidad personal de alta densidad histórica, con una imagen que sobrevivió la cárcel e incluso se fortaleció en la adversidad. El peronismo argentino, en cambio, arrastra una disputa de conducción no resuelta, con sectores que compiten por la herencia simbólica del movimiento sin haber acordado ni candidato ni programa.
La polarización que instaló Bolsonaro en Brasil es también una enseñanza ambigua para el PJ. Por un lado, el esquema de dos bloques irreconciliables terminó beneficiando al PT porque concentró el voto opositor. Por otro, ese mismo esquema exige una cohesión interna que el peronismo argentino hoy no tiene. Celebrar la victoria de Lula es sencillo; reproducir las condiciones organizativas que la hicieron posible es otro problema.
El gobierno de Javier Milei opera como variable de fondo en esta operación de identificación ideológica. El peronismo intenta construir la figura del adversario como equivalente local de Bolsonaro, apostando a que la polarización le sea funcional en 2027. Esa estrategia tiene un riesgo evidente: si Milei logra estabilizar la economía u ofrecer resultados concretos, el esquema de los dos bloques puede no activarse con la misma intensidad que en Brasil.
La presencia física de dirigentes peronistas en San Pablo tiene también una dimensión de política interna. En un movimiento donde cada gesto es leído como toma de posición, compartir el búnker del PT es una forma de marcar pertenencia a una corriente internacional progresista y de diferenciarse de sectores más moderados del propio espacio. La disputa por la conducción del PJ se libra también en escenarios simbólicos como este.
Lo que el peronismo se lleva de la elección brasileña es, en definitiva, menos una hoja de ruta que una fuente de legitimación emocional. La remontada de Lula demuestra que las derrotas no son definitivas, argumento que el PJ necesita sostener puertas adentro tanto u más que hacia afuera. Convertir esa certeza emocional en estrategia electoral coherente es el desafío que el partido todavía no ha encarado con seriedad.Más noticias de Datapolítica
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