lunes, 26 de octubre de 2026
 
 
     
Mauricio Macri felicitó a Lula mientras Milei guarda silencio

El expresidente se diferenció del jefe de Estado al saludar al mandatario brasileño. Milei había apoyado a Flávio Bolsonaro en la primera vuelta.

La victoria de Lula Da Silva en Brasil generó una fractura visible en el espacio de la derecha argentina: Mauricio Macri felicitó al presidente electo brasileño e incluso le deseó prosperidad para su nuevo mandato, mientras Javier Milei permanece en silencio. La grieta no es menor. Ambos líderes comparten un electorado que se superpone, una base ideológica que se reclama liberal y antikirchnerista, y una agenda económica de desregulación. Sin embargo, frente al mismo hecho internacional, tomaron caminos opuestos. El contraste tiene raíces concretas. Milei había respaldado públicamente a Flávio Bolsonaro durante la primera vuelta de las elecciones brasileñas, alineándose con el sector más duro del bolsonarismo. Esa toma de posición no fue un desliz retórico: fue una señal política deliberada hacia su base electoral e ideológica, que mira con simpatía al movimiento de Jair Bolsonaro y con desconfianza al PT de Lula. Macri, en cambio, tomó distancia de ese esquema. Su gesto hacia Lula no implica afinidad ideológica, sino lectura pragmática: Brasil es el principal socio comercial de la Argentina, e ignorar a su presidente electo tiene costos concretos para cualquier gobierno o fuerza política con aspiraciones de gestión. El expresidente demostró, una vez más, que su horizonte es institucional y de largo plazo, aunque eso lo diferencie tácticamente de Milei. La omisión de Milei, a esta altura, ya no es neutral. El silencio presidencial ante un resultado electoral de tanta magnitud en el país vecino empieza a leerse como una señal hacia sus aliados ideológicos globales, en particular el entorno bolsonarista, antes que como una postura diplomática sostenible. Un jefe de Estado que no reconoce a un presidente electo democráticamente en la región asume un costo de credibilidad internacional difícil de administrar. La tensión entre Macri y Milei no es nueva, pero episodios como este la vuelven más legible para el gran público. Dentro del espacio de Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza conviven lógicas distintas: una más institucionalista y orientada a la reinserción argentina en el mundo, y otra más rupturista y alineada con movimientos de ultraderecha internacional. Esa convivencia tiene límites, y la política exterior los expone con rapidez. El episodio también revela algo sobre el estilo de conducción de Milei. Su presidencia está marcada por una identificación personal con determinados líderes globales, Bolsonaro entre ellos, que a veces colisiona con los intereses estructurales del Estado argentino. La relación con Brasil no puede subordinarse indefinidamente a simpatías ideológicas: el comercio bilateral, la integración regional y la coordinación macroeconómica dependen de vínculos funcionales con quien gobierne en Brasilia, sea del signo que sea. En definitiva, lo que este episodio deja en evidencia es que Argentina enfrenta una disyuntiva en su política exterior: optar por una inserción internacional pragmática y basada en intereses nacionales, u quedar atrapada en las lógicas de una batalla cultural global que no siempre coincide con las necesidades del país. Macri eligió el pragmatismo. Milei, por ahora, eligió el silencio. Esa diferencia habla más de sus proyectos políticos que cualquier declaración formal.