sábado, 24 de octubre de 2026
 
 
     
Lorenzetti advirtió sobre el agotamiento del agua y la tierra

El presidente de la Corte Suprema habló en el congreso de derecho ambiental más grande del país ante 450 especialistas de todo el continente.

Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia, colocó al derecho ambiental en el centro del debate institucional al participar del XI Congreso Argentino de Derecho Ambiental organizado por la Fundación Expoterra. Su diagnóstico fue contundente: el agua y la tierra son recursos que la actividad humana llevó al límite, y la crisis ya no es una advertencia futura sino una realidad presente. El evento reunió a 450 asistentes en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la UBA, con jueces de todas las provincias, juristas de Europa y América Latina, abogados y estudiantes. Que un magistrado del máximo tribunal del país tome la palabra en ese escenario no es un dato menor. Lorenzetti tiene una trayectoria reconocida en la construcción de jurisprudencia ambiental: fue parte de fallos históricos sobre la cuenca Matanza-Riachuelo e impulsó criterios de protección que sentaron precedentes en la región. Su presencia en Expoterra no es solo protocolar: es una señal de que el Poder Judicial percibe que el sistema legal argentino tiene una deuda pendiente con la tutela ambiental. El diagnóstico que ofreció Lorenzetti apunta a una tensión estructural que la Argentina arrastra hace décadas: el modelo productivo basado en la explotación intensiva de recursos naturales generó riqueza exportable pero deterioró las bases físicas sobre las que ese mismo modelo se asienta. La sobreutilización del agua para riego, la expansión de la frontera agropecuaria sobre ecosistemas frágiles y la contaminación de acuíferos son fenómenos que la política económica trató históricamente como externalidades, no como variables centrales. Esa lógica tiene consecuencias jurídicas directas. Los tribunales argentinos reciben cada vez más causas vinculadas a conflictos por el acceso al agua, a la contaminación de suelos y a disputas entre comunidades locales y grandes operadores económicos. El derecho ambiental dejó de ser una especialidad periférica para convertirse en un campo de disputa central, donde se define quién tiene derechos sobre los recursos y quién carga con los costos del deterioro. El congreso de Expoterra funciona en ese contexto como un espacio de producción de doctrina. Las decisiones que tomen los jueces en las próximas décadas sobre agua, suelo y biodiversidad dependerán en parte de los marcos conceptuales que se construyan en eventos como este. La participación de juristas europeos y latinoamericanos amplía el espectro comparado e introduce estándares que la legislación argentina aún no incorporó plenamente. Desde una perspectiva política más amplia, la intervención de Lorenzetti ocurre en un momento en que el gobierno nacional mantiene una postura de desregulación y apertura a inversiones en sectores extractivos. Esa tensión entre el impulso económico oficial y los límites que el derecho ambiental intenta imponer no es nueva, pero se vuelve más aguda cuando la propia Corte Suprema emite señales de que los estándares de protección deben fortalecerse, no flexibilizarse. Lo que el congreso de Expoterra deja como saldo analítico es que el derecho ambiental dejó de ser territorio exclusivo de activistas y académicos para instalarse en el corazón de la disputa institucional. Cuando el máximo tribunal habla de recursos agotados, no está describiendo un problema técnico: está redefiniendo los límites de lo que el sistema legal puede tolerar que se haga con el territorio. Esa redefinición tendrá consecuencias concretas sobre inversiones, políticas públicas y modelos de desarrollo en los próximos años.