domingo, 8 de noviembre de 2026
 
 
     
La última visita de un Papa a la Argentina fue hace casi 40 años

León XIV llega el 8 de noviembre a Buenos Aires, Córdoba y Luján. La última visita papal fue en 1987, con Juan Pablo II y Alfonsín.

La visita de León XIV a la Argentina en noviembre de 2026 no es solo un acontecimiento religioso: es un evento con peso político propio, en un país que no recibe a un Papa desde hace casi cuatro décadas. El itinerario incluye Buenos Aires, Córdoba y Luján, tres ciudades con simbolismos distintos e historia política densa, lo que convierte al viaje en un hecho que ningún sector del poder argentino puede ignorar. La última vez que un Papa pisó suelo argentino fue en 1987, cuando Juan Pablo II recorrió diez ciudades y encabezó una misa frente a aproximadamente un millón de fieles en la avenida 9 de Julio. En aquella ocasión, el pontífice se reunió con Raúl Alfonsín, en plena transición democrática, en un momento en que la Iglesia Católica operaba como actor político de peso en la reconfiguración institucional del país. El contraste con el contexto actual es significativo. Casi cuarenta años después, la Argentina llega a esta visita con una fractura social e institucional profunda, un mapa político reconfigurado y una relación entre el Estado y la Iglesia que ya no es la de los años ochenta. La presencia del Papa en territorio argentino obliga a todos los actores relevantes a posicionarse, a mostrarse y a disputar simbólicamente la proximidad con una figura de alcance global. Luján tiene un peso específico en este esquema: es el principal santuario mariano del país e históricamente el espacio donde la Iglesia convoca a sus bases más masivas. Que el itinerario incluya esa ciudad no es un dato menor de logística: refuerza el carácter popular y devocional del viaje, por encima de cualquier lectura estrictamente política, aunque ambas dimensiones conviven inevitablemente. Córdoba, por su parte, es una plaza políticamente disputada, con tradición de autonomía respecto del poder central y una Iglesia local con historia propia. Su inclusión en el recorrido amplía el alcance territorial del mensaje papal y evita que la visita quede reducida a un fenómeno exclusivamente porteño, algo que en la Argentina siempre tiene consecuencias en términos de representación y legitimidad federal. El antecedente de 1987 muestra que las visitas papales no son neutras: Juan Pablo II llegó en un momento en que el país necesitaba cohesión y la Iglesia aportó ese marco simbólico. La pregunta que estructura el análisis político de esta nueva visita es qué necesita la Argentina de 2026 y qué puede o no puede aportar una presencia de este tipo en términos de legitimidad, unidad o simplemente distracción de la agenda de conflictos internos. Lo que sí anticipa el itinerario de León XIV es que el evento tendrá una escala de movilización popular difícil de ignorar. Un millón de fieles en la 9 de Julio en 1987 fue una imagen que definió una época. Lo que ocurra en noviembre de 2026 en esas tres ciudades será, también, un termómetro del estado de la sociedad argentina y de su capacidad de congregarse alrededor de algo que no sea la polarización.
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