sábado, 7 de noviembre de 2026
 
 
     
Bullrich anunció que el Senado tratará la ley contra la ludopatía

Tras la presión de la Iglesia, la ministra anunció que la cámara alta tratará el proyecto para regular los juegos de azar.

Patricia Bullrich anunció que el Senado incorporará a su agenda el tratamiento de la ley contra la ludopatía, en un movimiento que llega después de un reclamo explícito de la Iglesia Católica. El hecho no es menor: una institución religiosa logró torcer la agenda legislativa del oficialismo en un tema que el Gobierno no había priorizado. Eso revela tanto la debilidad de la iniciativa propia del Ejecutivo como la persistente capacidad de la Iglesia para operar como actor político de peso en la Argentina. La ludopatía viene creciendo como problema social en un contexto de crisis económica prolongada. La proliferación de plataformas de apuestas online, en particular entre jóvenes, generó una presión creciente desde organismos sociales, equipos de salud e instituciones religiosas. La Iglesia fue una de las primeras en instalar el tema con volumen político suficiente como para forzar una respuesta del Poder Ejecutivo. El rol de Bullrich en este anuncio es significativo. La ministra de Seguridad no es la cartera natural para liderar un debate de salud pública. Su protagonismo sugiere que el Gobierno decidió encuadrar la ludopatía como un problema de orden y seguridad antes que como una cuestión sanitaria o de regulación económica. Ese enfoque tiene consecuencias directas sobre el tipo de solución legislativa que se impulsará. El Senado, por su parte, arrastra una agenda sobrecargada e históricamente permeable a las presiones de sectores con capacidad de movilización. Que un proyecto de este tipo ingrese al calendario legislativo por iniciativa del Ejecutivo, y no por construcción parlamentaria propia, anticipa un debate con poco sustento técnico acumulado y muchas negociaciones por delante. La Iglesia, en tanto, consolida con este episodio su lugar como interlocutor válido del Gobierno de Javier Milei, algo que no era evidente al inicio de la gestión. El vínculo entre el libertarismo y la institución católica generó tensiones ideológicas desde el arranque, pero la práctica política fue limando esas fricciones. Este caso muestra que el canal de diálogo existe y funciona. Para el oficialismo, el anuncio tiene un doble filo. Por un lado, responder al reclamo eclesial le da cobertura social en un tema sensible. Por otro, habilita un debate legislativo que puede escapar a su control: una vez que el proyecto ingresa al Senado, los bloques opositores pueden ampliarlo, modificarlo u usarlo para instalar otros temas vinculados a la regulación del mercado de apuestas. El verdadero test no es si el proyecto ingresa al Senado, sino si llega a convertirse en ley con contenido real. La historia legislativa argentina está llena de proyectos anunciados con urgencia que se diluyeron en comisión. La Iglesia consiguió la promesa; ahora deberá sostener la presión para que esa promesa se transforme en norma concreta.
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