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| martes, 3 de noviembre de 2026 |
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Bullrich mantiene su ambición de ser presidenta en 2027
Laura Alonso, legisladora porteña y exaliada de Bullrich, reveló que la ministra mantiene vivo su proyecto de llegar a la presidencia.
Laura Alonso encendió una señal de alerta dentro del espacio Pro al confirmar que Patricia Bullrich sostiene intenciones presidenciales de cara a 2027. La declaración no es un dato menor: Alonso conoce de cerca a Bullrich, comparte historia política con ella e integra un sector del Pro que observa con creciente incomodidad el posicionamiento de la actual ministra de Seguridad dentro del gobierno de Javier Milei. Que una figura interna hable en estos términos implica que la tensión dentro del espacio ya no puede contenerse en privado.
Bullrich llegó al Ministerio de Seguridad luego de perder la interna presidencial frente a Horacio Rodríguez Larreta en 2023 e inmediatamente apostar por Milei en el balotaje. Esa decisión le permitió mantenerse en el poder ejecutivo nacional, pero la colocó en una posición ambigua: es ministra de un gobierno que no es el propio, dentro de un partido que no controla, con una base electoral que todavía le responde pero que no crece. Su permanencia en el gabinete le da visibilidad e institucionalidad, aunque a costa de subordinar su agenda a la de La Libertad Avanza.
El problema central para Bullrich es que 2027 llega con el tablero de la centroderecha fragmentado e incierto. Milei buscará consolidar su propio espacio electoral, Rodríguez Larreta no ha abandonado sus aspiraciones, y figuras del Pro bonaerense y porteño se mueven con autonomía creciente. En ese contexto, anunciar ambiciones presidenciales sin estructura propia, sin partido sólido y sin territorio asegurado es un ejercicio de voluntarismo político que puede volverse en contra.
La declaración de Alonso también expone una fractura interna que el Pro intenta disimular. Hay sectores que ven la permanencia de Bullrich en el gobierno de Milei como una traición a la identidad del partido, y otros que la interpretan como pragmatismo necesario para sobrevivir. Esa grieta no es nueva, pero se profundiza a medida que 2027 se acerca e impone decisiones concretas sobre alianzas, listas y candidaturas.
Desde una perspectiva analítica, lo que Alonso hace al hablar es marcar distancia. No ataca directamente a Bullrich, pero instala la idea de que sus aspiraciones son personales e independientes del rumbo colectivo del espacio. Es una jugada que debilita sin confrontar abiertamente, característica de las disputas internas dentro del Pro, donde la lealtad se negocia con gestos sutiles antes que con rupturas declaradas.
El silencio de Bullrich sobre si competirá u no en 2027 es, en sí mismo, una estrategia. Mantener la ambigüedad le permite preservar poder de negociación frente a Milei y frente a su propio partido. Si confirma la candidatura, queda expuesta a ser marginada del gabinete. Si la niega, pierde el capital simbólico que la sostiene como figura relevante. La indefinición es, por ahora, su único activo real.
Lo que queda claro es que el escenario electoral de 2027 ya comenzó a ordenar comportamientos, declaraciones y posicionamientos dentro de la coalición gobernante y sus aliados. Bullrich es un termómetro de esas tensiones: su futuro político dependerá menos de su propia voluntad que de cómo Milei resuelva la construcción de su propio liderazgo hacia las próximas elecciones.Más noticias de Datapolítica
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