miércoles, 28 de octubre de 2026
 
 
     
Leonardo Boto prevé un millón de fieles en Luján por el Papa

El intendente de Luján detalla el operativo para recibir al Papa León XIV: seguridad, transporte y servicios en escala histórica.

La visita del Papa León XIV a Luján se perfila como el evento de mayor convocatoria en la historia reciente de la Argentina, y el intendente Leonardo Boto lo sabe. La proyección de más de un millón de personas en un distrito que no supera los 120.000 habitantes plantea un desafío logístico e institucional de primera magnitud, pero también abre una ventana política que el municipio —y el peronismo bonaerense en general— no está dispuesto a desperdiciar. Luján no es un municipio cualquiera en el mapa simbólico argentino. La Basílica de Nuestra Señora de Luján es el centro de gravedad de la devoción popular católica en el país, y cada peregrinación masiva que llega a sus puertas tiene una dimensión que excede lo religioso. Cuando un Papa elige ese escenario, la carga simbólica se multiplica: es una validación territorial, cultural e identitaria que impacta directo en el corazón del electorado popular del conurbano bonaerense. Boato habla de seguridad, transporte e infraestructura de servicios, pero el verdadero despliegue es político. Un intendente que protagoniza la organización de un evento de esta escala construye capital simbólico difícil de replicar. La gestión visible ante un millón de ojos equivale a años de campaña territorial concentrada en días. En un conurbano donde la disputa entre el peronismo y La Libertad Avanza se libra calle por calle, ese capital no es menor. El operativo también pone a prueba la capacidad del Estado provincial. La gobernación de Axel Kicillof deberá articular fuerzas de seguridad, transporte público e infraestructura sanitaria en una escala que el municipio solo no puede absorber. Esa coordinación interestatal —municipio, provincia, Nación— es en sí misma un ejercicio político: quién aparece, quién se apropia del éxito y quienes quedan en segundo plano son decisiones que ya se están negociando. Desde la perspectiva del gobierno nacional, la visita papal es una oportunidad y un riesgo simultáneos. Una misa de un millón de personas en el corazón del conurbano bonaerense puede leerse como una demostración de fe, pero también como una movilización popular que escapa al control oficialista. La imagen de Javier Milei junto a un Papa latinoamericano —León XIV, de origen estadounidense pero con fuerte impronta regional— generaría tensiones ideológicas que el libertarismo local todavía no terminó de procesar. El antecedente histórico más cercano es la visita de Juan Pablo II en 1982 e 1987, ambas con una dimensión política enorme: la primera, en plena guerra de Malvinas; la segunda, en una democracia aún frágil. En ambos casos, la Iglesia operó como actor político de facto, con capacidad de interpelar tanto al Estado como a la sociedad civil. León XIV, en un contexto de polarización aguda e instituciones bajo presión, hereda ese rol con todos sus riesgos y oportunidades. Lo que anticipa Boto no es solo un operativo de seguridad: es la primera señal pública de que Luján se prepara para ser, por unos días, el centro político y espiritual de la Argentina. Esa centralidad tiene consecuencias que van mucho más allá del calendario litúrgico.