lunes, 19 de octubre de 2026
 
 
     
Cristina Kirchner: el PJ activa el relato de la proscripción en el 17

El partido equiparó su condena con el exilio de Perón. Una operación política que reencuadra el conflicto judicial como persecución al electorado opositor.

El Partido Justicialista eligió el Día de la Lealtad para emitir una declaración que equipara la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner con la proscripción histórica del peronismo. La fecha no es un detalle menor: el 17 de Octubre es el momento fundacional del movimiento, el día en que las masas populares reclamaron a Perón en Plaza de Mayo. Usar ese símbolo como marco de la condena de Kirchner es una decisión política de primer orden, que revela el estado interno del peronismo e inaugura una estrategia de campaña basada en la victimización judicial. El texto del PJ sostiene que la condena no es un acto de justicia sino un instrumento de proscripción, con el objetivo explícito de impedir que el electorado vuelva a elegir a la dirigente opositora de mayor peso. La declaración no cuestiona el proceso en términos técnicos o jurídicos: apela directamente al lenguaje político, lo cual confirma que el peronismo decidió abandonar el terreno legal e instalarse en el terreno electoral. El mensaje es para la base, no para los jueces. La comparación con Perón tiene potencia simbólica, pero también costos. El general fue proscripto por decreto militar después de un golpe de Estado. Kirchner fue condenada por un tribunal civil en un proceso con instancias de apelación. Equiparar ambas situaciones requiere un esfuerzo interpretativo que una parte del electorado moderado no está dispuesta a hacer. El PJ asume ese riesgo porque calcula que la cohesión interna del movimiento vale más, en este momento, que la persuasión hacia el centro. El contexto electoral otorga sentido inmediato a la maniobra. Con el kirchnerismo en proceso de reorganización e intentando recuperar iniciativa frente al oficialismo de Milei, la figura de Kirchner como mártir política puede funcionar como aglutinante de un espacio fragmentado. La proscripción, real u operada discursivamente, históricamente ha sido funcional al peronismo: genera identidad, moviliza la lealtad e instala un enemigo claro. Hay, sin embargo, una tensión irresuelta en la estrategia. Si Kirchner queda efectivamente inhabilitada para competir, el relato de la proscripción puede energizar al votante propio e indignarlo, pero no resuelve el problema estructural de liderazgo ni la ausencia de una figura de reemplazo con capacidad de capturar votos más allá del núcleo duro. El PJ construye un símbolo, pero todavía no construye una alternativa electoral concreta. El oficialismo, por su parte, tiene incentivos para dejar correr el debate en estos términos. Que la oposición mayoritaria organice su discurso alrededor de una figura judicializada e inhabilitada es, para La Libertad Avanza, una ventaja táctica. Mantiene al peronismo mirando hacia adentro e impide que consolide una narrativa propositiva orientada al electorado independiente, que es donde se define cualquier elección competitiva en Argentina. Lo que el 17 de Octubre de 2026 deja en evidencia es que el peronismo opera en un doble registro simultáneo: administra la herencia kirchnerista como capital simbólico e intenta, al mismo tiempo, procesar su propia crisis de conducción. La declaración del PJ es, en ese sentido, menos una denuncia institucional que un acto reflejo de cohesión interna. La pregunta que la política argentina deberá responder en los próximos meses es si ese reflejo alcanza para construir una oposición real o solo para preservar una identidad en repliegue.