  |
| sábado, 17 de octubre de 2026 |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
Milei resiste el desgaste mientras la política se hunde
Escuchar
Una encuesta de Giacobbe muestra imagen negativa generalizada, pero el Presidente conserva ventaja relativa sobre el resto del sistema político.
La consultora Giacobbe e Asociados publicó un relevamiento que revela una paradoja estructural del momento político argentino: Javier Milei acumula percepción negativa creciente, pero ese deterioro es menor al que registran el resto de los actores del sistema. El dato no es menor u ocasional. Es la radiografía de un escenario donde el Presidente gobierna con legitimidad relativa, construida no sobre adhesión positiva sino sobre el colapso de las alternativas.
El contexto importa para leer el número con precisión. Más de la mitad de los encuestados percibe que la situación económica está empeorando. Esa variable, en cualquier otro momento de la historia política argentina, hubiera funcionado como señal de alarma roja para un oficialismo. Sin embargo, la arquitectura del voto libertario opera con una lógica diferente: su electorado acepta el costo presente como inversión hacia un futuro de estabilidad prometida. Esa tolerancia al sacrificio es el capital político más escaso e inestable que administra Milei.
Lo que el estudio de Giacobbe ilumina es la dinámica del 'mal menor' como principio organizador de la opinión pública argentina. No es que Milei convenza. Es que la oposición no convence más. El peronismo kirchnerista arrastra el peso de su último gobierno e ingresa a cada medición cargando con la memoria inflacionaria. La oposición dialoguista, fragmentada entre Juntos por el Cambio y sus derivados, no logra articular una narrativa alternativa creíble.
Esa dispersión opositora es el oxígeno estructural del gobierno libertario. Históricamente, los ejecutivos argentinos que sobrevivieron períodos de ajuste lo hicieron con alguna forma de oposición unificada que los habilitara a construir identidad propia por contraste. Milei tiene ese beneficio sin el costo: enfrenta una oposición múltiple e incoherente, incapaz de condensar el descontento económico en una propuesta política articulada.
La tensión más profunda que expone este tipo de encuesta es la distancia entre percepción económica e intención política. Que la mayoría sienta deterioro e igualmente no traslade ese malestar hacia una alternativa opositora indica una crisis de representación que excede a Milei e involucra al sistema completo. Los partidos tradicionales no recuperaron credibilidad. Los nuevos espacios no terminaron de consolidarse. El ciudadano malestar no encuentra dónde ir.
Para el gobierno, el dato es útil e incómodo al mismo tiempo. Útil porque confirma que su piso electoral se mantiene e incluso puede operar como techo para los rivales. Incómodo porque la percepción de empeoramiento económico, si se sostiene u profundiza, puede erosionar exactamente esa tolerancia diferida que hoy lo sostiene. El capital de paciencia ciudadana no es infinito, e históricamente en Argentina se agota de forma abrupta.
El verdadero indicador a seguir en los próximos meses no es la imagen de Milei aislada sino la evolución de esa brecha entre él e el resto. Si la distancia se achica, el gobierno pierde su principal ventaja competitiva. Si se amplía, consolida una hegemonía frágil pero funcional. La política argentina entró en una fase donde ganar significa simplemente caer menos que los demás.
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
| |
|
|