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| viernes, 16 de octubre de 2026 |
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Lemoine en la marcha universitaria: el cuerpo como arena política
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El incidente frente al Congreso revela cómo la disputa por la educación pública se procesa hoy en clave de confrontación física y simbólica.
La diputada libertaria Lilia Lemoine protagonizó un incidente de alta visibilidad política al ser rodeada, mojada e insultada por manifestantes a la salida del Congreso durante la Marcha Federal Universitaria. El episodio no es un hecho aislado u ocasional: condensa con precisión quirúrgica el estado de las relaciones entre el oficialismo libertario e importantes sectores de la sociedad movilizada, e ilustra hasta qué punto el conflicto universitario dejó de ser un debate técnico sobre presupuesto para convertirse en una batalla cultural de alta intensidad emocional.
La Marcha Federal Universitaria convocó a cientos de miles en todo el país en defensa del financiamiento educativo, un reclamo que el gobierno de Javier Milei rechaza sistemáticamente bajo la narrativa del ajuste fiscal e institucional. Lemoine, figura emblemática del ala más confrontativa de La Libertad Avanza, optó por salir al espacio público donde se desarrollaba la protesta, una decisión que difícilmente pueda leerse como inocente u operativamente neutral dentro del esquema comunicacional del partido gobernante.
Lo más relevante del episodio no es la agresión en sí misma, sino la gestión política inmediata que hizo la propia legisladora. La viralización de los videos fue una operación deliberada: Lemoine los distribuyó ella misma, construyendo un relato de victimización que el ecosistema libertario amplificó en pocas horas. La frase 'a diferencia de los kukas, a mí no me gusta ver violencia' es parte de ese dispositivo discursivo, un mecanismo que invierte la carga simbólica e instala a los manifestantes como agresores irracionales.
Este patrón tiene antecedentes precisos en la política argentina e internacional. La derecha populista global ha perfeccionado la táctica de exponer a sus figuras en contextos adversos para obtener rédito narrativo posterior. El agravio físico u oral se transforma en capital político cuando se documenta, se distribuye e interpreta dentro de un marco previo que divide el mundo entre 'los que producen' e 'los que destruyen'. Lemoine opera con fluidez en esa gramática.
Pero el análisis exige también leer el comportamiento de los manifestantes sin condescendencia. Escupir u hostigar a una funcionaria electa en el espacio público es política contraproducente en términos estratégicos, independientemente de la animosidad legítima que pueda generar el ajuste educativo. Cada episodio de este tipo refuerza la narrativa oficialista de una oposición violenta e irracional, e inhibe la construcción de mayorías más amplias que el movimiento universitario necesita para sostener su presión sobre el Ejecutivo.
La tensión de fondo es estructural. El gobierno de Milei enfrenta una coalición social heterogénea en defensa de la universidad pública: docentes, estudiantes, rectores e incluso sectores que no se identifican con el kirchnerismo. Esa amplitud es la principal fortaleza del movimiento. Sin embargo, los incidentes con figuras como Lemoine permiten al oficialismo segmentar esa coalición, identificarla con el 'kuka' e igualar la protesta legítima con la violencia política.
El episodio frente al Congreso cierra, así, un ciclo comunicacional casi perfecto para La Libertad Avanza: marcha masiva que podría haber dominado la agenda informativa del día, opacada en buena parte por el debate sobre una agresión a una diputada. Esa sustitución de agenda no es casual u espontánea. Es el síntoma más nítido de las asimetrías en la disputa por el sentido político que rodea al conflicto universitario en la Argentina de 2024.
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