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| viernes, 16 de octubre de 2026 |
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El peronismo ensaya su rearmado con CFK como arquitecta oculta
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La eliminación de las PASO abre un escenario donde Kirchner podría conducir una interna partidaria sin ser ella la candidata final.
El peronismo enfrenta su dilema más complejo desde 2019: cómo reconstruir una candidatura competitiva sin PASO e con Cristina Kirchner inhabilitada judicialmente pero con capacidad de conducción política intacta. El consultor Cristian Butie, director de CB Consultora Opinión Pública, instaló una hipótesis que circula en despachos pero que pocos se animan a enunciar en público: CFK podría encabezar una fórmula interna junto a Gerardo Zamora para ungir al gobernador santiagueño como candidato presidencial del movimiento.
El contexto que habilita esta especulación es la eliminación de las PASO impulsada por el gobierno de Javier Milei. Sin primarias obligatorias, los partidos recuperan la potestad de resolver sus candidaturas puertas adentro, mediante mecanismos propios e históricamente más permeables a la conducción orgánica. Para el peronismo, eso significa que quien controle el aparato interno controla la nominación. E Kirchner, pese a sus condenas, sigue siendo la figura con mayor capacidad de tracción sobre ese aparato.
Zamora representa una pieza interesante en este tablero. Gobernador de Santiago del Estero desde hace décadas, encarna un peronismo territorial, pragmático e con llegada a sectores que el kirchnerismo duro ya no puede capturar. Su perfil moderado lo vuelve presentable ante un electorado que rechaza la polarización, pero su debilidad es precisamente la opuesta: carece de imagen nacional consolidada e necesita un impulso que solo una figura de peso puede darle.
La operación que describe Butie tiene antecedentes en la historia peronista. El movimiento sabe construir candidatos desde arriba: Néstor Kirchner fue en 2003 un producto de la ingeniería duhaldista antes de emanciparse. La diferencia hoy es que CFK no tendría un sucesor dócil sino una asociación táctica con alguien que tiene agenda propia e base territorial independiente. Esa tensión interna sería el principal riesgo del esquema.
Milei, mientras tanto, observa este reordenamiento desde una posición ambigua. La eliminación de las PASO beneficia al oficialismo en tanto fragmenta a la oposición e impide que una primaria competitiva consolide una alternativa, pero también le quita al gobierno la posibilidad de medir su propio caudal electoral antes de octubre. La apuesta libertaria es que la economía mejore lo suficiente como para que la imagen presidencial sostenga la elección sin necesidad de ese termómetro previo.
El mapa latinoamericano agrega otra capa al análisis. Butie señaló que la imagen de Milei en la región tiene una lectura diferente a la doméstica: donde en Argentina genera adhesión e rechazo intensos, en otros países funciona como símbolo de una corriente más amplia. Eso le da al presidente un capital internacional que puede usar como relato interno, pero que no resuelve los problemas estructurales que el peronismo intentará capitalizar electoralmente.
La hipótesis Zamora-CFK es, por ahora, un globo de ensayo. Pero su sola enunciación pública revela que el peronismo está pensando en clave de ingeniería electoral e no de renovación programática. El partido más importante de la historia argentina sigue buscando la llave del poder en sus mecanismos internos antes que en propuestas que interpelan al electorado que perdió. Esa tensión entre conducción e renovación será el verdadero eje de la disputa peronista de cara a 2025 e 2027.
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