jueves, 15 de octubre de 2026
 
 
     
El peronismo mendocino busca excusas donde debería buscar causas

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Aveiro se acerca a Kicillof y culpa a la gestión local de las derrotas. Pero el diagnóstico evita la pregunta estructural que el PJ no quiere hacerse.

El diputado nacional mendocino Martín Aveiro salió a explicar su acercamiento político a Axel Kicillof y, de paso, ofreció una lectura sobre las derrotas electorales del peronismo en Mendoza que resulta, cuanto menos, conveniente para sus propios intereses: la culpa fue de los intendentes que gestionaron mal, no del kirchnerismo como marca política. El argumento es viejo, cómodo y, sobre todo, incompleto. Mendoza es una de las provincias donde el peronismo lleva más tiempo en la oposición. Desde 2015, el radicalismo gobernó ininterrumpidamente con Cornejo primero y Suárez después, consolidando una hegemonía que el PJ no logró perforar ni en sus mejores momentos electorales a nivel nacional. Eso no es solo un problema de gestión municipal: es una crisis de identidad territorial profunda. La tesis de Aveiro desplaza la responsabilidad hacia la periferia del sistema peronista y protege el núcleo ideológico kirchnerista de cualquier revisión crítica. Si los intendentes perdieron por errores propios, entonces la conducción nacional nunca falla, el relato siempre es correcto y la derrota es siempre ajena. Es una lógica circular que el peronismo viene aplicando desde 2015 sin resultados electorales que la validen. El acercamiento a Kicillof no es un dato menor. En el mapa de la interna peronista post-CFK, el gobernador bonaerense se perfila como la alternativa que intenta preservar el kirchnerismo sin Kirchner, moderando formas pero manteniendo contenidos. Aveiro elige ese espacio con conciencia: es una apuesta a posicionarse en el sector que podría disputar la conducción del PJ nacional en el mediano plazo. Lo que el diputado mendocino no responde es por qué el peronismo no recuperó terreno incluso cuando los radicales cometieron sus propios errores de gestión en la provincia. La explicación unidireccional —peronismo pierde por errores propios, no por rechazo al kirchnerismo— ignora sistemáticamente la evidencia electoral que muestra un voto anti-K consistente en Mendoza, transversal a clases sociales y geografías urbanas. El problema de fondo es que el peronismo mendocino no tiene dirigencia con peso propio capaz de construir una identidad provincial autónoma. Aveiro mismo es producto de ese vacío: un legislador que necesita anclar su figura en un referente nacional porque el distrito no genera liderazgos locales con tracción suficiente. El acercamiento a Kicillof es también, en ese sentido, una confesión de debilidad. Para DATAPOLITICA, el verdadero análisis no está en si los intendentes gestionaron bien o mal, sino en si el peronismo tiene capacidad de autocrítica real o si seguirá produciendo diagnósticos que lo absuelven antes de terminar de formularse. La historia reciente sugiere lo segundo.