jueves, 15 de octubre de 2026
 
 
     
El oficialismo resistió en silencio y la oposición mostró sus límites

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Sin quórum para sesionar contra el DNU 70, la oposición dispersó su presión hacia las calles y reveló una fractura táctica de fondo.

La oposición parlamentaria argentina fracasó este jueves en su intento de abrir una sesión especial en la Cámara de Diputados para debatir el DNU 70/2023, el megadecreto de desregulación económica que Javier Milei firmó al inicio de su gestión. El resultado no fue una derrota circunstancial: fue la confirmación de que el bloque opositor carece todavía de la cohesión necesaria para traducir su peso numérico en acción legislativa concreta, mientras el oficialismo consolida una estrategia de resistencia pasiva que le resulta extraordinariamente eficaz. El DNU 70 es uno de los instrumentos más ambiciosos y controvertidos del gobierno de La Libertad Avanza. Derogó o modificó más de 300 normas en áreas que van desde el comercio exterior hasta la regulación laboral y los alquileres, en una operación jurídica que concentró en el Ejecutivo una capacidad de transformación estructural que habitualmente requiere mayorías legislativas. La Bicameral de Trámite Legislativo nunca lo rechazó formalmente, lo que le permitió al decreto mantener vigencia plena pese al debate político sostenido. La estrategia del oficialismo fue simple y efectiva: no concurrir. Sin los votos del PRO y de aliados menores del interbloque oficialista, la oposición no alcanzó el quórum de 129 diputados necesario para abrir la sesión. Esta táctica de ausentismo activo no es nueva en la política argentina, pero Milei la ha perfeccionado como herramienta de supervivencia legislativa en un Congreso donde su fuerza es minoría estructural. Lo que el fracaso opositor revela es una tensión irresuelta entre dos lógicas internas. Por un lado, sectores del peronismo y la centroizquierda que impulsan una confrontación directa con el decreto por razones ideológicas y electorales. Por otro, bloques intermedios que temen que votar contra el DNU sea leído como un retorno al intervencionismo económico que el electorado ya castigó. Esa ambigüedad es el verdadero oxígeno del gobierno. Significativamente, varios de los diputados que no lograron sesionar se sumaron a la quinta Marcha Federal Universitaria convocada en las calles. El gesto tiene una lectura política precisa: ante la imposibilidad de actuar institucionalmente, la oposición busca legitimidad en la movilización social. Es una señal de vitalidad de la protesta, pero también una admisión implícita de impotencia parlamentaria que el oficialismo tomará nota. El escenario de fondo es el de un Congreso en tensión permanente con un Ejecutivo que gobierna por decreto y por veto, desafiando los límites constitucionales del presidencialismo argentino. Cada sesión frustrada refuerza la narrativa oficial de que la oposición bloquea sin propuesta, aunque en este caso sea el propio oficialismo el que impidió el debate con su ausencia deliberada. De cara a los próximos meses, el DNU 70 seguirá siendo un eje de disputa simbólica y jurídica. La oposición deberá decidir si insiste en la vía parlamentaria, que exige disciplina y acuerdos que hoy no tiene, o si apuesta a la judicialización y la presión de calle como caminos alternativos. El gobierno, mientras tanto, ya demostró que puede sostener su programa de reformas sin necesitar la validación del Congreso. Esa asimetría define el tablero político argentino de hoy.