martes, 13 de octubre de 2026
 
 
     
Las élites que abandonaron el país: un diagnóstico incómodo

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El ensayista Alejandro Katz pone en el centro del debate la desconexión entre el poder económico y el destino colectivo argentino.

El ensayista y editor Alejandro Katz instaló en el debate público una hipótesis que incomoda por igual a la dirigencia empresaria y al poder político: las élites argentinas —económicas y culturales— llevan décadas operando con lógicas disociadas del bienestar colectivo, y esa fractura estructural es una de las causas profundas del estancamiento nacional. La tesis no es nueva, pero su enunciación en el contexto actual del gobierno de Javier Milei adquiere una dimensión política específica: si las élites abandonaron el país, el discurso libertario que promete refundarlo no hace más que profundizar esa lógica de extracción sin compromiso. El diagnóstico de Katz apunta a un fenómeno que la ciencia política denomina "defección de las élites": el momento en que los sectores con mayor capacidad de inversión, influencia y organización deciden optimizar sus propios resultados desacoplándose del rendimiento general del sistema. En Argentina, ese proceso tiene al menos tres décadas de historia ininterrumpida, atravesando gobiernos peronistas, radicales y ahora libertarios, lo que sugiere que no se trata de un problema de gestión sino de cultura de clase. La referencia al uso político de la causa Malvinas refuerza esa lectura. Katz advierte sobre la instrumentalización del sentimiento soberano como mecanismo de distracción o de legitimación simbólica. No es un fenómeno exclusivo de ningún espacio: tanto el kirchnerismo como sectores del macrismo y ahora el mileísmo han apelado al imaginario malvinense cuando la coyuntura económica o política requería un relato movilizador. La emoción colectiva se convierte así en recurso de gobernabilidad, no en política de Estado. En el contexto del ajuste fiscal de la administración Milei, la advertencia sobre los riesgos de ciertas iniciativas gubernamentales cobra peso analítico. El gobierno avanza con reformas estructurales bajo una lógica de velocidad y ruptura que reduce los márgenes para la deliberación institucional. Cuando esa dinámica se combina con una dirigencia empresaria que prioriza el beneficio sectorial de corto plazo —captura de rentas, acceso al dólar, tarifas reguladas— el resultado histórico ha sido siempre el mismo: las reformas benefician a los que ya tienen poder de lobby y el resto del tejido productivo queda expuesto. La Argentina tiene una tradición documentada de burguesías que no apostaron por el mercado interno como motor de acumulación. A diferencia de experiencias latinoamericanas como Brasil o Chile en ciertos períodos, el empresariado local tendió a asociarse con el Estado para extraer rentas en lugar de competir en condiciones de productividad. Esa conducta no es ajena a las señales que el propio sistema político emitió durante décadas: inestabilidad jurídica, inflación crónica y cambios de reglas de juego que premiaron la especulación financiera por sobre la inversión productiva. Lo que Katz denomina "país abandonado a su destino" es en realidad la descripción de un equilibrio perverso estable: actores con poder suficiente para blindarse individualmente de la crisis colectiva, sin incentivos para asumir los costos de transformaciones que los beneficiarían a largo plazo pero los perjudicarían a corto. Ese equilibrio no lo rompe ningún liderazgo carismático por sí solo, y menos aún una retórica antisistema que paradójicamente refuerza la concentración de poder en manos de los mismos actores de siempre. El valor del análisis de Katz en la coyuntura actual reside menos en su novedad que en su oportunidad. En un momento en que el debate político argentino oscila entre la épica libertaria y la nostalgia kirchnerista, señalar la responsabilidad histórica de las élites económicas como variable independiente del ciclo político es un ejercicio de honestidad intelectual que el periodismo y la política prefieren evitar. La pregunta que queda abierta es si existe alguna coalición social y política con voluntad y capacidad de romper ese pacto tácito de abandono.