martes, 13 de octubre de 2026
 
 
     
Llaryora teje una red evangelica para ganar territorio en Córdoba

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El gobernador institucionaliza su vínculo con las iglesias evangélicas como herramienta de penetración territorial en los 26 departamentos provinciales.

El gobernador Martín Llaryora dio un paso concreto hacia la institucionalización de su relación con el mundo evangélico cordobés: lanzó en Río Tercero una red provincial de referentes religiosos que funcionará como correa de transmisión entre el Estado provincial y las comunidades de fe. La iniciativa, presentada con la participación del referente David Consalvi, no es un gesto simbólico ni un acto de cortesía protocolar. Es una decisión política deliberada que apunta a construir infraestructura territorial donde los partidos tradicionales ya no llegan solos. El evangelismo argentino dejó de ser hace tiempo un fenómeno exclusivamente religioso. Con una base social estimada en más del 15% de la población nacional, y con una presencia desproporcionadamente alta en barrios populares, zonas periurbanas y localidades del interior, las iglesias evangélicas operan como redes de contención, asistencia y movilización que ningún operador político serio puede ignorar. Llaryora lo sabe y actúa en consecuencia. La elección de Río Tercero como escenario del lanzamiento no es casual. La ciudad industrial del sur cordobés tiene una densidad organizacional evangélica significativa y representa un tipo de electorado que el peronismo cordobés necesita consolidar de cara a los próximos ciclos electorales. Llevar el acto ahí es también una señal hacia el interior profundo de la provincia, lejos de la Capital y su lógica mediática. El esquema que propone Llaryora replica una lógica que ya probaron otros líderes latinoamericanos: usar la estructura descentralizada de las iglesias evangélicas como red capilar para distribuir programas sociales, generar proximidad con el Estado y, de paso, construir lealtades políticas duraderas. No es cooptación en el sentido clásico, pero tampoco es neutralidad. Es una relación de intercambio con beneficios mutuos explícitos. La tensión de fondo es relevante. El peronismo cordobés históricamente construyó su base territorial a través del sindicalismo, las sociedades de fomento y los municipios. La irrupción del mundo evangélico como actor político organizado desafía esa arquitectura clásica y obliga a rediseñar los modos de hacer política social. Llaryora parece dispuesto a asumir ese rediseño sin fricciones ideológicas. El movimiento tiene además una dimensión nacional que conviene no subestimar. En un contexto donde el peronismo busca recomponer su vínculo con sectores populares que migraron hacia Milei, el acercamiento al evangelismo puede leerse como un intento de recuperar mediaciones sociales perdidas. Las iglesias evangélicas tienen llegada real a esos votantes, y eso las convierte en activos políticos de primer orden. Lo que Llaryora construye en Córdoba con esta red no es solo gestión: es un mapa de poder alternativo que puede ser decisivo cuando los votos escaseen y la territorialidad valga más que cualquier campaña publicitaria.