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| lunes, 12 de octubre de 2026 |
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El Presupuesto 2027, una negociación disfrazada de debate técnico
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Guberman lleva el proyecto oficial a Diputados, pero el verdadero juego es político: las provincias quieren obras y las universidades, fondos.
El secretario de Hacienda, Carlos Guberman, abre este martes el debate formal del Presupuesto 2027 ante la comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, presidida por el liberal Alberto Benegas Lynch. La presentación tiene forma de acto técnico, pero su sustancia es enteramente política: el oficialismo necesita construir una mayoría parlamentaria en un año electoral, y el presupuesto es la herramienta de negociación más poderosa que tiene el Ejecutivo para hacerlo.
El contexto no es menor. La Argentina lleva dos años sin ley de presupuesto aprobada por el Congreso, gobernando mediante la prórroga del presupuesto de 2023 y una acumulación de decretos de necesidad y urgencia que le otorgaron al Ejecutivo una discrecionalidad inusitada en el manejo del gasto. Que el gobierno de Milei envíe ahora un proyecto y lo defienda en comisión representa, al menos en las formas, una señal de normalización institucional que no debe leerse de manera ingenua.
Las tensiones que rodean el debate son múltiples y superpuestas. Los gobernadores de distintos signos políticos mantienen reclamos activos por obras viales que el gobierno nacional frenó o desfinanció durante 2024 y 2025 en nombre del equilibrio fiscal. Esas obras son, en muchos distritos, la diferencia entre un intendente o legislador oficialista competitivo y uno derrotado en las urnas de octubre. El presupuesto, entonces, es la palanca con la que las provincias intentan arrancarle concesiones al gobierno central.
El frente universitario agrega otra capa de conflictividad. Las casas de altos estudios vienen de un año de ajuste severo, con partidas que no acompañaron la inflación y un financiamiento de funcionamiento en deterioro real. Los bloques opositores que responden a espacios con base en el electorado universitario y de clase media profesional difícilmente voten un presupuesto que no contemple una recomposición visible. Ese es el precio que el oficialismo deberá pagar, si es que decide pagarlo.
Benegas Lynch al frente de la comisión es, en sí mismo, un dato analítico. El diputado es la expresión más ortodoxa del liberalismo libertario dentro del bloque oficialista, y su conducción del debate marcará el tono ideológico con el que La Libertad Avanza quiere presentar la discusión presupuestaria: austeridad como principio, no como coyuntura. Eso limita el margen de maniobra del propio Guberman para ofrecer concesiones sin contradecir el relato central del gobierno.
El equilibrio fiscal, activo central de la gestión Milei ante los mercados y el FMI, es el perímetro que el Ejecutivo no puede perforar sin consecuencias financieras inmediatas. Cualquier negociación con provincias u universidades deberá encontrar compensaciones dentro del mismo techo de gasto, lo que convierte al debate parlamentario en un juego de suma cero con múltiples actores que demandan recursos escasos. La creatividad contable será tan importante como la negociación política.
Lo que comienza este martes en el Congreso no es simplemente un trámite legislativo: es el primer acto de la campaña electoral 2025 librada en clave presupuestaria. Cada partida que se mueve, cada obra que se incluye o se excluye, cada punto porcentual cedido a las universidades tiene un destinatario político preciso. Guberman abre el juego, pero las reglas las escriben las matemáticas del poder, no las del fisco.
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