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| domingo, 11 de octubre de 2026 |
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El mapa de poder interno que Llaryora no puede ignorar
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Un ranking de imagen de intendentes cordobeses expone el reacomodamiento territorial del peronismo y el desgaste del radicalismo municipal.
La consultora Videns midió la imagen de 21 intendentes de la provincia de Córdoba y el resultado no es solo una fotografía de gestión local: es un termómetro del poder real que Martín Llaryora necesita leer con atención. El ascenso de un cacique del PJ en el ranking y la caída de un referente radical de peso configuran una señal sobre qué territorios se consolidan y cuáles se erosionan en el tablero bonaerense del interior.
El peronismo cordobés atraviesa una etapa de reconstrucción identitaria después de años de subordinación al llaryorismo y al esquema de Hacemos por Córdoba. En ese marco, la mejora de imagen de un intendente peronista no es un dato menor: implica que hay liderazgos territoriales que ganan autonomía y capital político propio, por fuera de la tutela directa del gobernador.
La caída del intendente radical, en cambio, revela una tendencia que viene acumulándose en la provincia desde hace varios ciclos electorales. El radicalismo cordobés, históricamente fuerte en el interior, enfrenta un doble problema: la competencia del espacio de Llaryora, que absorbe dirigentes y votos del centro, y la presión de La Libertad Avanza en distritos donde el descontento con la gestión es más pronunciado.
Para el gobernador, el ranking tiene una lectura de doble filo. Un peronista que sube en imagen puede ser un aliado que se fortalece, pero también un competidor interno con agenda propia. La historia del PJ cordobés está llena de caciques locales que usaron su capital territorial para negociar con el poder provincial desde una posición de mayor autonomía, cuando no para confrontar directamente.
El contexto importa: Córdoba transita un año de reposicionamiento previo al ciclo electoral de 2027, donde la configuración de las listas y la distribución de candidaturas dependerá en buena medida de quién tiene poder real en cada municipio. Los rankings de imagen son, en ese sentido, una moneda política: el intendente bien evaluado llega a la mesa de negociación con más para ofrecer y más para exigir.
Videns segmentó a los 21 intendentes en tres grupos de siete, una metodología que permite identificar no solo a los líderes sino también la franja media, donde suelen estar los casos más interesantes políticamente: mandatarios con imagen moderada pero con capacidad de moverse en cualquier dirección según cómo evolucione el escenario provincial y nacional.
El dato que queda flotando después de analizar este estudio es que la geografía del poder en el interior cordobés se está redibujando, lentamente pero de forma perceptible. Llaryora necesita que sus aliados municipales estén bien parados, porque su propia proyección política depende de sostener una red territorial amplia y funcional. Cada intendente que cae en imagen es una pieza que el gobernador deberá reemplazar o compensar antes de que el ciclo electoral lo obligue a mostrar las cartas.
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