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| viernes, 9 de octubre de 2026 |
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El mecenazgo ausente: la deuda cultural que no es solo del Estado
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Luis Ovsejevich, del Premio Konex, pone en el centro del debate la responsabilidad del sector privado en el financiamiento de la cultura argentina.
Luis Ovsejevich, presidente de la Fundación Konex, una de las instituciones culturales privadas con mayor trayectoria y legitimidad en la Argentina, volvió a instalar una incomodidad que el debate público suele esquivar: el empresariado argentino no financia la cultura, y esa omisión tiene consecuencias políticas concretas. La declaración, formulada en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña, no es un dato menor en términos simbólicos: el espacio donde se cruzan el poder político y el reconocimiento cultural operó como escenario para una crítica que apunta, simultáneamente, al Estado y al mercado.
La tesis de Ovsejevich sobre el abandono de la educación y la ciencia por parte de todos los gobiernos de los últimos treinta años tiene la virtud de la transversalidad y, al mismo tiempo, el riesgo del equidistantismo. Treinta años de descuido implican gestiones radicales, justicialistas y el experimento libertario actual, pero no todos los abandonos fueron iguales en magnitud ni en intencionalidad. La aplanadora presupuestaria de la administración Milei sobre el CONICET y las universidades nacionales representa una aceleración cualitativa respecto de negligencias anteriores.
El concepto de mecenazgo que introduce Ovsejevich abre un flanco analítico que la discusión argentina sobre cultura casi nunca transita con seriedad. Mientras el debate se estructura entre estatismo y desfinanciamiento, la figura del mecenas privado —central en el desarrollo cultural europeo y norteamericano— permanece prácticamente ausente del imaginario local. No es una ausencia inocente: refleja una burguesía que históricamente prefirió la renta a la inversión reproductiva, y que nunca construyó una tradición de retribución simbólica a la sociedad que la sostuvo.
En ese marco, la propia existencia del Premio Konex adquiere un carácter paradójico. La Fundación es, en sí misma, uno de los pocos ejemplos de mecenazgo privado sostenido en el tiempo dentro del campo cultural argentino. Pero su excepcionalidad confirma la regla: es la excepción que subraya la inexistencia de un ecosistema. Un solo actor privado comprometido con la cultura no constituye política cultural; apenas señala la magnitud del vacío.
La apelación a trabajar "en comunidad para sacar adelante un país" expresa una voluntad integradora que, en el contexto de polarización extrema que atraviesa la Argentina de 2025, suena tanto a programa como a nostalgia. La fragmentación del campo cultural entre quienes resistieron el ajuste y quienes lo legitimaron dejó heridas que no se suturan con declaraciones de unidad. El sector cultural argentino está políticamente dividido, y cualquier convocatoria a la acción colectiva debe procesar esa fractura antes de avanzar.
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