  |
| jueves, 8 de octubre de 2026 |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
El kirchnerismo ensaya su relevo generacional con Máximo como carta
Escuchar
Gaillard expuso la hoja de ruta del espacio: sostener a Cristina como conducción y proyectar a su hijo como sucesor presidencial de largo plazo.
La diputada nacional Carolina Gaillard se convirtió esta semana en la voz más explícita del kirchnerismo duro al plantear abiertamente la candidatura presidencial de Máximo Kirchner. La declaración no es un desliz ni una opinión personal: es una señal política deliberada que el espacio emite en un momento de reconfiguración interna del peronismo, con Cristina Kirchner procesada y el movimiento buscando narrativa de futuro.
El kirchnerismo atraviesa una de sus fases más complejas desde 2015. La figura de Cristina sigue siendo el centro gravitacional del espacio, pero su inhabilitación judicial para ejercer cargos públicos obliga al movimiento a pensar en una conducción operativa distinta. En ese vacío, Máximo Kirchner aparece como el heredero natural, aunque su capital político propio es aún materia de debate dentro y fuera del peronismo.
Gaillard también disparó contra la Corte Suprema y cuestionó el funcionamiento del Poder Judicial, una línea argumental que el kirchnerismo mantiene sin variaciones desde hace años. Esa postura cumple una función doble: victimiza a Cristina frente a la opinión pública afín y deslegitima los fallos que afectan al espacio, preparando el terreno para una eventual reforma judicial si el peronismo recupera el gobierno.
La mención de Máximo como presidenciable tiene sin embargo costos internos. Dentro del peronismo amplio, su figura genera resistencias. Gobernadores e intendentes del PJ que buscan despegarse del cristinismo duro no ven con entusiasmo una conducción que perpetúe la lógica de La Cámpora como aparato orgánico dominante. La tensión entre el kirchnerismo como identidad y el peronismo como coalición electoral sigue sin resolverse.
En términos de coyuntura, la declaración de Gaillard llega cuando el gobierno de Milei consolida su imagen entre sectores que alguna vez votaron al peronismo. El kirchnerismo necesita una narrativa de recambio que no sea solo resistencia al ajuste, sino también una propuesta de poder. Proyectar a Máximo es parte de ese intento de construir horizonte, aunque los tiempos electorales concretos todavía están lejos.
La referencia a una nueva institucionalidad política que hizo Gaillard es el elemento más relevante y menos analizado del discurso. Apunta a que el kirchnerismo no solo disputa el gobierno sino que propone refundar las reglas del juego: Justicia, medios, organismos de control. Es una agenda transformadora que choca frontalmente con el consenso republicano que Milei, con sus propias contradicciones, dice encarnar.
El kirchnerismo apuesta entonces a una estrategia de largo aliento: sostener a Cristina como símbolo, instalar a Máximo como futuro y radicalizar el discurso institucional para mantener cohesionada a una base que necesita épica para movilizarse. Si esa apuesta tiene viabilidad electoral real depende de variables que hoy el espacio no controla, entre ellas la economía, la fragmentación opositora y la propia evolución judicial de su líder histórica.
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
| |
|
|