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| miércoles, 7 de octubre de 2026 |
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El peronismo ante su problema estructural: la unidad que no llega
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Pablo Moyano expuso en voz alta lo que el PJ evita admitir: mientras la oposición se fragmenta, el movimiento también se disgrega.
Pablo Moyano eligió la sinceridad como herramienta política y con eso incomodó a todo el peronismo. El secretario adjunto de Camioneros señaló que la derecha argentina logra ordenarse mientras el movimiento fundado por Perón sigue atrapado en sus disputas internas, una observación que no es nueva pero que golpea con fuerza renovada en un año electoral donde el peronismo necesita con urgencia construir una narrativa colectiva.
El diagnóstico de Moyano no es un accidente ni una declaración improvisada. Forma parte de una tensión que atraviesa al PJ desde la derrota de 2023: quién conduce, desde dónde se conduce y con qué programa se vuelve al poder. Esas tres preguntas permanecen sin respuesta y cada actor del espacio las responde de manera diferente, lo que convierte al peronismo en un mosaico de proyectos personales apenas disfrazados de identidad colectiva.
El contraste que traza Moyano con 'la derecha' merece ser analizado con precisión. La coalición gobernante tampoco es monolítica: conviven tensiones entre el PRO, los libertarios y sectores del radicalismo. Pero Milei logró imponer una agenda y un relato que funciona como aglutinante. El peronismo, en cambio, carece hoy de ese elemento articulador. No hay figura, no hay programa y no hay relato que concite adhesión mayoritaria dentro del espacio.
En ese vacío operan múltiples liderazgos que compiten entre sí con más energía de la que dedican a confrontar al gobierno. Axel Kicillof sostiene su propio esquema bonaerense con autonomía creciente. Cristina Kirchner mantiene peso simbólico pero suma causas judiciales que condicionan su proyección. Los intendentes del Conurbano privilegian la supervivencia electoral propia. Y los sindicatos, con Moyano como voz disonante, oscilan entre la protesta y la negociación sectorial.
Históricamente el peronismo resolvió sus internas a través de la figura del conductor o de la presión de la calle. Ninguno de esos mecanismos está operativo hoy. La conducción es disputada y la movilización popular aparece fragmentada en distintas convocatorias que no logran sumar sino dividir. Ese doble bloqueo explica la parálisis que Moyano diagnostica y que muchos dirigentes ven pero pocos nombran públicamente.
La paradoja central es que el deterioro económico que genera el gobierno de Milei debería, en teoría, fortalecer al peronismo como alternativa. Sin embargo, la fragmentación interna neutraliza esa oportunidad. El malestar social existe pero no encuentra un canal político peronista que lo organice de manera eficaz, lo que abre espacio a otras fuerzas de centroizquierda o a la propia apatía como respuesta electoral.
La declaración de Moyano tiene entonces un valor político preciso: instala presión sobre los dirigentes para que prioricen la construcción colectiva sobre los proyectos individuales. Si esa presión genera respuesta o si queda como otra voz perdida en el ruido interno del PJ es la pregunta que definirá si el peronismo llega a 2027 como alternativa real o como suma de candidaturas sin proyecto común.
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