domingo, 4 de octubre de 2026
 
 
     
Gobernadores en la lupa: quién resiste y quién se hunde en imagen

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Un nuevo ranking de aprobación territorial revela fracturas en el peronismo subnacional y consolida a mandatarios del norte como referentes de gestión.

El mapa del poder provincial argentino tiene sus propios ganadores y perdedores, y una nueva encuesta nacional de imagen de gobernadores lo deja en evidencia con una claridad que incomoda. Hugo Passalacqua, al frente de Misiones, encabeza el ranking de aprobación entre los 24 mandatarios del país, mientras tres gobernadores peronistas ocupan los últimos lugares de la tabla. El dato no es menor: en un año de reconfiguración del sistema político nacional, la imagen territorial se convierte en uno de los pocos activos concretos que los líderes distritales pueden exhibir. El poder provincial en Argentina históricamente funcionó como amortiguador de las crisis nacionales. Los gobernadores que lograron construir identidades de gestión propias, desacopladas del humor del gobierno central, tendieron a sobrevivir políticamente con mayor solidez. Passalacqua es heredero de una tradición misionera que combina autonomía discursiva respecto al peronismo y al radicalismo clásico con un control territorial férreo, sostenido por la Renovación, el movimiento político provincial que gobierna Misiones desde hace casi dos décadas. La performance del norte argentino en estos rankings no es casual ni nueva. Las provincias con menor exposición mediática nacional, con economías más dependientes de la coparticipación y con estructuras partidarias más verticales tienden a generar liderazgos locales de alta fidelización. La gestión allí se evalúa en términos de obra pública visible, presencia del Estado y contención social, variables donde la comparación con el gobierno nacional suele ser favorable para el distrito. El dato más relevante del relevamiento es el hundimiento de los gobernadores peronistas en los últimos puestos. El peronismo subnacional atraviesa una crisis de identidad que excede la coyuntura: sin conducción nacional clara, con el kirchnerismo en repliegue y el PJ en proceso de reorganización, los mandatarios provinciales del movimiento quedan expuestos a la evaluación ciudadana sin el paraguas simbólico que históricamente los protegió. La imagen negativa en sus propios territorios es una señal de alerta que el peronismo no puede ignorar. Esta fragmentación tiene consecuencias directas sobre la construcción de una alternativa electoral para 2027. Un peronismo con gobernadores débiles en imagen es un peronismo con menor capacidad de movilización territorial, de negociación con el poder nacional y de proyección de candidatos propios con alcance. Los intendentes y legisladores provinciales comienzan a tomar distancia de mandatarios con números en rojo, lo que acelera la atomización interna. Passalacqua, por el contrario, opera en un esquema diferente. Su alta imagen positiva lo posiciona como interlocutor válido ante cualquier gobierno nacional, independientemente del signo ideológico. Esa es la lógica del poder provincial puro: la aprobación local como moneda de negociación federal. En el actual contexto de ajuste y disputa por fondos, un gobernador con respaldo ciudadano tiene más margen para resistir o negociar que uno que gobierna con imagen negativa. El ranking, en definitiva, no mide solo popularidad sino correlación de fuerzas reales. Los números de aprobación territorial anticipan quién tendrá peso en las negociaciones del Presupuesto, en la construcción de listas y en la definición del mapa opositor. En ese sentido, la encuesta es menos un retrato del presente que un anticipo del tablero político de los próximos dos años.