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| viernes, 2 de octubre de 2026 |
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Bullrich seduce al poder económico mientras Milei pierde brillo
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La ministra de Seguridad construye capital político propio ante el establishment mientras el discurso presidencial genera distancia en el círculo rojo.
En el día 1028 de gestión, el mapa de poder dentro del oficialismo mostró una fisura significativa: Patricia Bullrich cosechó adhesiones en el círculo rojo empresarial y político mientras Javier Milei ofrecía un discurso que no logró encender a su audiencia. La divergencia no es un dato menor ni anecdótico. Representa la cristalización de una dinámica interna que viene gestándose en silencio desde hace meses y que ahora adquiere visibilidad pública.
El concepto de 'astilla del mismo tronco' no es nuevo en la política argentina. Remite a una figura que comparte origen ideológico con el conductor del proyecto pero acumula suficiente capital propio como para disputar la conducción sin romper formalmente con él. Bullrich reúne esas condiciones con una precisión que pocos dirigentes del espacio tienen: trayectoria propia, base electoral independiente y ahora, aparentemente, aceptación creciente entre los actores económicos que financian y legitiman cualquier proyecto de poder en Argentina.
La ministra de Seguridad nunca abandonó su perfil de figura con peso propio. Su gestión al frente del ministerio le permitió construir una narrativa de eficacia y dureza que resuena tanto en el electorado libertario como en sectores del PRO histórico que se sienten incómodos con el estilo disruptivo de Milei. Esa doble pertenencia es su activo más valioso y también su principal herramienta de presión hacia adentro de la coalición.
El establishment argentino tiene una lógica de funcionamiento bien conocida: apoya al poder mientras el poder sirve a sus intereses, pero diversifica apuestas cuando percibe debilidad o incertidumbre en la conducción. Que el círculo rojo recepcione favorablemente a Bullrich en este momento no es casualidad ni simpatía espontánea. Es una señal de que sectores clave del poder económico están evaluando escenarios alternativos sin salir todavía del esquema oficialista.
Milei, por su parte, atraviesa una etapa donde el desgaste natural de gobernar empieza a erosionar la excepcionalidad que lo sostuvo durante los primeros tramos de su mandato. Un discurso deslucido ante audiencias exigentes no es un tropiezo aislado: es síntoma de un liderazgo que debe renovar permanentemente su capacidad de seducción para mantener cohesionada una coalición heterogénea y tensa. La energía disruptiva que fue su principal capital electoral se convierte, con el tiempo, en un factor de fatiga para actores que buscan previsibilidad.
La tensión entre Bullrich y Milei no implica necesariamente una ruptura inminente. En la política argentina, estas disputas subterráneas suelen convivir durante largos períodos antes de eclosionar. Lo relevante es que la competencia interna por la conducción del proyecto ya tiene una protagonista visible y un momento de inicio identificable. La pregunta que abre este escenario es cuánto espacio le concederá Milei a esa disputa antes de intentar clausurarla.
Para La Libertad Avanza y sus aliados, el surgimiento de una alternativa interna como Bullrich es una advertencia estructural. Los proyectos políticos que no resuelven la cuestión de la sucesión o la conducción compartida terminan fragmentándose en los peores momentos. Argentina tiene sobrada experiencia histórica en ese fracaso. El oficialismo tiene tiempo para administrar esta tensión, pero la ventana no es ilimitada.
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