martes, 29 de septiembre de 2026
 
 
     
Santilli sale a buscar gobernadores: gestión o desesperación

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El jefe de Gabinete activa una ronda de contactos provinciales mientras el oficialismo acumula deudas pendientes en el Congreso.

La Casa Rosada volvió a recurrir al manual clásico de la política argentina: cuando el Congreso no alcanza, se negocia en los despachos. Diego Santilli intensificó en los últimos días una serie de reuniones con gobernadores provinciales que el oficialismo presenta como coordinación institucional, pero que en la práctica revela una debilidad estructural del bloque parlamentario propio. Sin mayorías propias consolidadas, el Ejecutivo necesita de los mandatarios para mover votos en ambas cámaras. El caso más visible fue el encuentro con Gustavo Melella, gobernador de Tierra del Fuego, en torno al proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. La reunión no es un dato menor: Melella representa un distrito que históricamente condiciona cualquier agenda vinculada a soberanía, Malvinas y recursos naturales, y su alineamiento o distancia puede arrastrar posiciones en el interbloque de gobernadores patagónicos. Lo que el oficialismo llama 'agenda parlamentaria positiva' es en realidad una carrera contra el tiempo. El Congreso argentino acumula proyectos que el Ejecutivo necesita convertir en ley antes de que el calendario político se complique aún más. Las elecciones de medio término están en el horizonte inmediato y cada derrota legislativa tiene un costo de imagen que se traslada directamente a las candidaturas. Santilli aparece aquí como el operador político que Milei necesita pero que ideológicamente incomoda al núcleo duro libertario. Su perfil de armador territorial, forjado en el PRO bonaerense, choca con la retórica antipolítica del presidente, pero resulta imprescindible para sostener una coalición de gobierno que no tiene los números para gobernara sola. La paradoja es evidente: una fuerza política que llegó al poder prometiendo romper con la 'casta' y sus acuerdos de trastienda, reproduce exactamente los mecanismos que criticó. La negociación con gobernadores peronistas y de bloques provinciales implica concesiones, guiños presupuestarios y compromisos que rara vez se hacen públicos pero que estructuran el voto legislativo. El antecedente reciente es claro: la aprobación de la Ley Bases en 2024 se logró exactamente por esta vía, con un Santilli que ya entonces fue el principal articulador de los acuerdos con el interior. Esa experiencia consolidó su rol, pero también estableció un patrón de dependencia que el oficialismo no logró superar con construcción política propia. El viaje de Milei a París agrega una capa de lectura: mientras el presidente gestiona su imagen internacional, es el jefe de Gabinete quien administra la política doméstica real. Esa división del trabajo puede ser funcional en el corto plazo, pero profundiza la pregunta sobre quién conduce efectivamente la agenda de gobierno y a qué precio legislativo se sostiene cada acuerdo con las provincias.