lunes, 28 de septiembre de 2026
 
 
     
El sillón vacío: quién manda en Argentina cuando Milei viaja

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La delegación del mando presidencial revela la arquitectura real del poder libertario y los equilibrios que Milei cultiva con el interior.

La ausencia de Javier Milei del territorio nacional no es un dato administrativo menor: es una radiografía del sistema de poder que el presidente ha construido en menos de dos años de gestión. Cuando el Ejecutivo delega el mando, la cadena de sucesión expone quiénes son los actores que sostienen el andamiaje político del gobierno y qué lealtades se están consolidando en el proceso. El senador puntano que ocupará el sillón de Rivadavia pertenece a una provincia históricamente disciplinada en sus vínculos con el poder central. San Luis, bajo la dinastía Rodriguez Saá, supo negociar con todos los gobiernos nacionales independientemente del signo ideológico. Que un representante de ese distrito asuma la presidencia provisional no es un accidente protocolario: es el resultado de una aritmética parlamentaria que el oficialismo no puede ignorar, dada su debilidad estructural en el Senado. El viaje a Francia con doce gobernadores constituye en sí mismo un hecho político de primera magnitud. Milei lleva consigo a más de un tercio de los mandatarios provinciales en una gira que combina la búsqueda de inversiones con una lógica de construcción electoral de cara al ciclo legislativo de 2025 y el horizonte presidencial de 2027. Los gobernadores no viajan gratis: cada presencia implica una negociación, una deuda política, una señal hacia sus propios electorados. La simultaneidad entre la delegación del mando y la gira exterior revela una tensión estructural del gobierno de La Libertad Avanza: la necesidad de mostrarse global y presidencial hacia afuera contrasta con la fragilidad de las bases de sustentación legislativa hacia adentro. Milei viaja con gobernadores porque los necesita, aunque su discurso fundacional prometía romper con la política territorial tradicional. Desde una perspectiva histórica, la figura del presidente interino en Argentina ha tenido episodios de alto voltaje político. Las ausencias de Menem, de Kirchner, de Macri generaron en cada caso debates sobre continuidad, poder real y mandatos implícitos. En el caso actual, la pregunta no es si habrá una crisis institucional durante la ausencia, sino qué señales emite la elección del interino sobre las alianzas que Milei está dispuesto a sostener para gobernar. El peronismo y la oposición moderada observan este movimiento con atención calculada. La incorporación de figuras del interior al esquema de poder libertario erosiona el relato de la ruptura total con el sistema. Cada gobernador que sube al avión con Milei es un actor que legitima al presidente y, simultáneamente, extrae recursos simbólicos y materiales de esa asociación. La transacción es transparente para cualquier analista, aunque se presente como unidad nacional. Lo que la noticia del presidente sorpresa revela, en definitiva, es que La Libertad Avanza gobierna con los instrumentos del sistema que prometió destruir: negociación parlamentaria, cooptación territorial, delegación de mando en figuras del establishment provincial. La originalidad del experimento Milei no está en cómo ejerce el poder cuando está, sino en cómo lo administra cuando no está.