lunes, 28 de septiembre de 2026
 
 
     
El peronismo busca oposición mientras Milei consolida el poder

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La oposición enfrenta un presidente que ya no negocia desde la debilidad. El mapa de poder se redibujó y el PJ no tiene respuesta clara.

Hace menos de dos años, Javier Milei llegó al balotaje como el candidato que el establishment político subestimó hasta el final. Sergio Massa conducía la economía en llamas y aun así casi gana. Ese contexto fundacional marcó a fuego la percepción del nuevo gobierno: un outsider frágil, sin estructura territorial, sin legisladores propios, sin gobernadores aliados. La debilidad era estructural y visible. Lo que ocurrió después alteró esa ecuación de manera profunda. Milei consolidó un núcleo duro de adhesión popular que resiste el desgaste económico con una lealtad inusual para la política argentina. La inflación bajó —aunque los precios no— y eso le alcanzó para construir un relato de gestión que sus adversarios no lograron perforar. El oficialismo convirtió la austeridad en épica y la épica en capital político. Axel Kicillof representa hoy el blanco más expuesto del kirchnerismo. Gobernador de la provincia más grande, con presupuesto en tensión permanente y una interna feroz con Cristina Fernández, Kicillof acumula frentes simultáneos que lo debilitan antes de cualquier confrontación con el poder central. Milei lo sabe y opera en consecuencia, con una agresividad que ya no es defensiva sino ofensiva. El cambio de posición relativa entre ambos líderes no es un dato menor: es estructural. Cuando el poder nacional hostiga a un gobernador opositor desde una posición de fortaleza electoral y narrativa, las herramientas de resistencia territorial se achican. Los fondos coparticipables, las obras, los acuerdos sectoriales, todo se vuelve palanca de presión. El peronismo, mientras tanto, no termina de procesar su derrota ni de construir una alternativa creíble. La interna entre Cristina y Kicillof consume energía que debería ir hacia la oposición real. El kirchnerismo duro apuesta a la polarización como refugio, pero esa estrategia requiere un adversario que cometa errores graves. Milei, por ahora, no los comete en el terreno que importa electoralmente. La coyuntura rumbo a las elecciones legislativas de octubre define quién llega mejor posicionado al ciclo 2027. Si Milei logra una buena elección de medio término, la narrativa del peronismo como alternativa inevitable se erosiona aún más. La historia argentina conoce esta dinámica: los oficialismos que ganan las legislativas del segundo año suelen proyectarse con fuerza hacia la reelección. El análisis político serio debe registrar este corrimiento sin nostalgia ni voluntarismo. El tablero cambió. Milei ya no gasta poder atacando a Massa desde la debilidad; ahora desgasta a Kicillof desde arriba. Esa inversión de roles define la dinámica política del presente y obliga al peronismo a una renovación que, hasta ahora, nadie dentro del espacio parece dispuesto a liderar con convicción.