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| sábado, 26 de septiembre de 2026 |
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Santilli construye red de gobernadores con miras a 2027
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El diputado del PRO recorre el interior para tejer alianzas territoriales que reposicionen a su espacio en el tablero electoral que se viene.
La política argentina tiene un principio no escrito pero ampliamente respetado: quien controla el territorio, controla el juego. Diego Santilli parece haberlo internalizado con precisión quirúrgica. Su agenda de encuentros con gobernadores provinciales no es una gira de cortesía ni un ejercicio de relaciones públicas. Es la construcción metódica de una red de contención política para el PRO en un momento en que el partido fundado por Mauricio Macri atraviesa una de sus crisis de identidad más profundas.
El contexto no puede pasarse por alto. El PRO perdió centralidad en el oficialismo nacional desde que La Libertad Avanza desplazó al macrismo del rol de fuerza principal de la centroderecha argentina. Milei absorbió buena parte del electorado amarillo y dejó al PRO en una posición incómoda: ni oposición clara ni socio pleno del gobierno. En ese limbo, figuras como Santilli buscan reanclar su capital político en los liderazgos subnacionales, que tienen mayor autonomía respecto de la polarización nacional.
Los gobernadores, por su parte, tienen sus propios cálculos. Muchos de ellos gestionan provincias donde la sintonía con Buenos Aires es un dato menor frente a las necesidades concretas de financiamiento, obra pública y negociación con la Nación. Recibir a Santilli no implica ningún compromiso electoral pero sí abre canales de diálogo con un sector que, según las encuestas, mantiene entre un 15 y un 20 por ciento de intención de voto a nivel nacional.
El nombre de Santilli como articulador no es casual. Dentro del PRO tiene un perfil más pragmático y menos confrontativo que otros referentes del partido. No carga con el desgaste de haber sido figura de primer orden durante el gobierno de Cambiemos, y su paso por la provincia de Buenos Aires lo conecta con la lógica territorial que ahora intenta proyectar al interior del país. Es un operador político con vocación de liderazgo propio.
Lo que está en juego de fondo es la discusión sobre qué será el PRO en 2027. Si el partido logra articular una coalición con gobernadores del centroderecha provincial, podría competir con autonomía real. Si fracasa en esa construcción, corre el riesgo de quedar subsumido en la órbita libertaria o de fragmentarse en distintas corrientes sin masa crítica electoral suficiente. Las reuniones de Santilli son, en ese sentido, una apuesta existencial para el espacio.
Hay antecedentes que iluminan esta dinámica. En 2015, el PRO llegó al poder nacional precisamente porque supo combinar su fortaleza en el distrito bonaerense con acuerdos territoriales con gobernadores del interior que buscaban alternativas al kirchnerismo. La historia no se repite de forma idéntica, pero la lógica de construcción tiene puntos de contacto evidentes con aquel momento fundacional.
El interrogante que queda abierto es si Santilli tiene el peso político suficiente para ser el articulador de ese proceso o si su figura termina siendo funcional a un proyecto más amplio donde otro actor ocupe el centro de la escena. La acumulación silenciosa tiene sus límites, y en la política argentina los tiempos se acortan con velocidad impredecible.
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