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| sábado, 26 de septiembre de 2026 |
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El peronismo unido, una ilusión que el propio peronismo alimenta
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La tesis de Asís sobre la fortaleza electoral del PJ esconde una trampa: la unidad no es un dato, es una construcción que nadie está liderando.
El analista Jorge Asís volvió a instalar una lectura que circula con fuerza en los pasillos del peronismo: cualquier candidato propio, en condiciones de unidad, tendría chances reales de ganar una elección nacional. La afirmación suena reconfortante para una fuerza que lleva años procesando derrotas, fracturas y reposicionamientos identitarios. Pero precisamente ahí reside su peligro: confunde potencial electoral con capacidad política real.
El argumento de que 'ningún peronista quiere la división' es históricamente recurrente y empíricamente desmentido. El peronismo se dividió en 1973, en los noventa con el menemismo, en 2015 con las candidaturas cruzadas, y más recientemente con la tensión estructural entre el kirchnerismo duro y los gobernadores del PJ territorial. Decir que nadie quiere la ruptura no equivale a decir que nadie la provoca o que nadie se beneficia de ella.
Lo que Asís describe como consenso es, en realidad, una zona de silencio. Los dirigentes peronistas evitan hablar de candidaturas propias porque hacerlo implica tomar partido en una interna que todavía no tiene reglas claras ni árbitros reconocidos. El silencio no es unidad: es gestión de la ambigüedad en un contexto donde moverse primero puede ser un error costoso.
El escenario electoral de 2027 presenta variables que el optimismo peronista tiende a subestimar. La fragmentación del espacio opositor no garantiza automáticamente la recomposición del voto propio. Una parte del electorado que históricamente fue peronista migró hacia Milei no por error sino por rechazo activo a la última experiencia de gobierno. Recuperar ese segmento exige algo más que unidad formal: exige renovación de programa y de caras.
El problema de fondo es el liderazgo. El peronismo no tiene hoy una figura con capacidad de articular a los gobernadores del interior, al sindicalismo, al kirchnerismo porteño y a los intendentes del conurbano sin generar rechazo en alguno de esos sectores. Massa intentó ese rol en 2023 y perdió en segunda vuelta. Antes de hablar de victorias potenciales, la coalición debería resolver quién conduce y bajo qué lógica.
La tesis de Asís es útil como termómetro del estado de ánimo interno del PJ, pero débil como análisis prospectivo. Refleja el momento en que una fuerza política, después de una derrota dura, comienza a reconstruir su autoestima narrativa. Ese proceso es necesario, pero puede volverse contraproducente si reemplaza el diagnóstico real por la autocomplacencia.
En definitiva, el peronismo tiene estructura, territorio e historia electoral suficiente para competir en 2027. Pero competir no es ganar, y estar 'en condiciones de ganar' es una frase que en la política argentina ha antecedido a muchas derrotas. La pregunta que ningún dirigente del PJ responde con claridad todavía es la única que importa: quién, con qué y para hacer qué.
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