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| sábado, 26 de septiembre de 2026 |
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El peronismo unido gana, pero nadie quiere ceder el poder
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La tesis de Asís sobre la competitividad electoral del PJ esconde el verdadero dilema: la unidad peronista es un bien deseado por todos y construido por nadie.
El analista Jorge Asís lanzó una afirmación que suena a diagnóstico pero funciona como advertencia: cualquier dirigente peronista tiene chances reales de ganar una elección. La frase, en apariencia optimista para el espacio, revela en realidad una paradoja estructural del movimiento. Si cualquiera puede ganar, nadie tiene incentivos suficientes para ceder y construir una candidatura colectiva.
El peronismo llega al ciclo electoral 2025-2027 fragmentado en al menos tres grandes constelaciones: el kirchnerismo duro liderado por Cristina Fernández, los gobernadores del PJ territorial que priorizan sus propias supervivencias provinciales, y los sectores que intentan alguna forma de renovación sin romper con la identidad peronista. Cada uno de estos bloques tiene lógicas propias que colisionan cuando se trata de construir poder nacional.
Asís también señaló que no hay ningún peronista que participe voluntariamente de la división. Esta observación, leída con frialdad analítica, es casi una ironía política. La división del peronismo no es producto de una decisión explícita de nadie: es el resultado acumulado de decisiones individuales racionales que, sumadas, producen un efecto colectivo destructivo. Todos quieren la unidad en abstracto; nadie la financia en concreto.
El contexto macroeconómico le agrega complejidad al escenario. El gobierno de Javier Milei transita una fase de estabilización inflacionaria que le genera cierto alivio en las encuestas, aunque sobre una base social todavía muy frágil. Para el peronismo, ese margen de recuperación oficialista achica la ventana de oportunidad electoral que el descontento social había abierto en 2024. La pregunta ya no es si hay condiciones para ganar, sino si el PJ puede organizarse antes de que esa ventana se cierre.
Los antecedentes históricos del peronismo muestran que la unidad casi nunca fue producto de la construcción racional sino de la imposición de una figura con poder suficiente para disciplinar al resto. Perón lo hizo desde el exilio. Kirchner lo hizo desde el Estado. Hoy no hay una figura con ese capital político y esa posición institucional simultáneamente. Cristina tiene capital simbólico pero está condicionada judicialmente. Los gobernadores tienen poder territorial pero carecen de proyección nacional consolidada.
La tesis de Asís, entonces, es analíticamente correcta pero políticamente insuficiente. Que el peronismo pueda ganar no significa que vaya a hacerlo. La historia electoral argentina está llena de fuerzas que tenían chances objetivas y las desperdiciaron por incapacidad de procesar sus conflictos internos antes de llegar a la competencia. El peronismo de 2025 enfrenta exactamente ese riesgo.
DATAPOLITICA sostiene que el verdadero indicador a monitorear no es la competitividad potencial del PJ sino la velocidad a la que sus distintos sectores procesan la negociación interna. Si esa negociación se resuelve en el primer semestre de 2025, el peronismo llega con estructura. Si se arrastra hasta la campaña, la fragmentación hace el trabajo sucio que el oficialismo no podría hacer solo.
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