viernes, 25 de septiembre de 2026
 
 
     
La negociación PRO-LLA: una obra de teatro con final incierto

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Cuatro rondas de contactos entre Ritondo y De Andreis no produjeron acuerdo. El mapa electoral 2027 empieza a definirse sin consenso.

La cuarta reunión entre Cristian Ritondo y Fernando De Andreis terminó como las anteriores: sin acuerdo y con la frase que ya funciona como epitafio de la negociación. 'Estamos lejos de un acuerdo electoral' no es una señal de alerta sino, a esta altura, la descripción más honesta del vínculo entre el PRO y La Libertad Avanza. Cuatro encuentros para llegar al mismo resultado no es negociación: es administración del tiempo. El trasfondo del estancamiento tiene coordenadas precisas. LLA avanza sobre territorio macrista con candidatos propios, disputa intendencias en el conurbano bonaerense y erosiona la base de gestión que el PRO construyó durante años. Para Macri, ese movimiento no es competencia leal sino invasión quirúrgica. La lógica libertaria, en cambio, lee el mismo mapa como expansión natural de un espacio en ascenso que no tiene por qué respetar fronteras ajenas. El problema estructural es que ambos espacios necesitan al otro pero ninguno quiere pagar el precio que el otro exige. El PRO requiere protección territorial y lugares expectantes en listas. LLA necesita la estructura, la experiencia de gestión y la red de dirigentes que Macri acumuló en dos décadas. Sin embargo, la asimetría de poder actual —con el gobierno nacional en manos libertarias— invierte la relación de fuerzas y deja al PRO en una posición negociadora más débil de la que sus dirigentes están dispuestos a reconocer públicamente. El antecedente más cercano y más incómodo es la propia historia de Cambiemos. Macri articuló aquella coalición desde una posición dominante y fijó las reglas. Hoy le toca el rol inverso: es el socio menor que pide garantías. Esa inversión de roles explica buena parte de la tensión interna del PRO, donde hay sectores que prefieren la autonomía electoral al vasallaje negociado, y otros que calculan que fuera de la órbita oficialista el partido se fragmenta sin remedio. Karina Milei es la variable que las crónicas suelen subregistrar. Las negociaciones pasan formalmente por De Andreis, pero las decisiones sobre el mapa electoral libertario responden a una conducción que no ha mostrado vocación de reparto generoso. La secretaria general de la Presidencia construyó LLA como estructura propia y no como coalición de iguales. Cualquier acuerdo con el PRO que implique ceder terreno es, desde esa lógica, un retroceso político difícil de justificar ante la tropa propia. El calendario aprieta de manera asimétrica. El PRO enfrenta elecciones de medio término en 2027 sin la garantía de que su marca sobreviva como fuerza autónoma si el trasvase de votos hacia LLA continúa al ritmo actual. Para LLA, en cambio, llegar a 2027 sin acuerdo formal es una opción viable: puede competir solo, absorber dirigentes macristas sueltos y proclamar que la unidad se frustró por intransigencia ajena. El tiempo, en esta negociación, no juega neutral. Lo que está en juego excede la disputa por bancas o candidaturas. Es la reconfiguración del espacio no peronista argentino, un proceso que lleva años y que con la irrupción de Milei entró en fase acelerada. Si el PRO no logra condiciones aceptables antes de que cierren las alianzas, corre el riesgo de quedar como fuerza testimonial en su propio territorio histórico. Esa es la presión real detrás de cada reunión sin resultados.